EQUIDAD

EQUIDAD

Por

Mario Góngora H.

Dejemos que todos aquellos políticos, sociólogos, derecho humanistas, y todos a los que parecen saberlo todo, externar teorías y hablar de derecho nuevo, antiguo, de postulados, de experimentos sociales, de reivindicaciones, de Marx, de Engels, de Lenin, de Stalin, de Castro, de Rusia, de equidad de género, de sexo, de perdonar criminales, de salarios universales, de seguir todos en la corrupción, y de todo tipo de equidades.

Tenemos que hablar de hechos y de métodos prácticos por los que podemos cambiar nuestra miseria por riqueza, nuestros agobios y pesares por alegrías, nuestras debilidades por fuerza, nuestros temores por valentía, nuestra desesperación por esperanza, nuestro odio por  amor, nuestra enemistad por amabilidad y nuestro egoísmo e envidia por caridad. Y  este cambio nunca lo generará ningún gobierno

Es claro que ayudar a las personas no es tarea fácil, además que requiere tacto y sabiduría. El paternalismo pudiera estar bien si lo consideramos como el arte de enseñar a las personas a bastarse a sí mismas, no como un aparato para destruir a unos para beneficiar a otros. Sucede como con los hijos, en que los más consentidos son, al final de cuentas, los más perjudicados.

El mejor medio de perjudicar la verdad es exagerarla. Los hechos y las realidades prácticas son: que no pueden  existir derechos sin obligaciones y responsabilidades. Para obtener algo, hay que dar en alguna forma algún equivalente. El que piense que hay medios más sencillos de ganar un peso que ganarlo honestamente, ya ha perdido el rumbo. Sí que los hay, pero se habrá metido en un laberinto o en un pozo del que ya no podrá salir jamás.

Con elecciones ya próximas, debemos entender que las pasiones políticas tienen intereses propios, lo que las vuelven peligrosas. Tenemos que desconfiar de ellas aunque nos parezcan razonables. Las gentes somos como un rebaño al que el pastor puede llevarlo al cielo o al infierno. Y en cuanto a ser guiados, ya sabemos hacia dónde nos lleva el pastor de siempre, el que tiene a las ovejas desnutridas, y hacia dónde nos llevará el otro, el que… “ya saben quién”

En nuestro país, la “equidad” que es esa “cualidad que consiste en dar a cada uno lo que se merece en función de sus méritos o condiciones, y en no favorecer en el trato a una persona perjudicando a otra”, sabemos que no existe, y esa no nos la dará ningún gobernante; esa nos la tenemos que dar nosotros mismos, los unos a los otros. Vivimos en un país de desigualdades donde no hay equidad en la distribución de riqueza ni de trato ni de cultura.

El político y el ciudadano que tienen miedo de someter cualquier asunto a la prueba del debate y la discusión, se halla más enamorado de su propia idea y opinión que de la verdad.

¿Podremos intentar callar la avaricia de los ricos y la envidia de los pobres?