FALSO ORGULLO

FALSO ORGULLO

Por

Mario Góngora H.

Por el solo hecho de ser humanos, normalmente somos demasiado orgullosos o hasta engreídos para ser de servicio para alguien, principalmente para aceptar que ignoramos algo; pocas veces aceptamos que efectivamente podemos equivocarnos y sobre todo batallamos para reconocer el  mérito, la destreza, la inteligencia, la bondad y la efectividad de otras personas. Muchas veces nos sentimos superiores a los demás, a veces por el solo color de la piel, por nuestro sexo, por nuestros niveles académicos y hasta por nuestras preferencias o gustos.

Efectivamente, la vanidad, el falso orgullo de lo que pensamos es nuestra superioridad, juega un importante papel en la descomposición de la sociedad. Es algo así como la lepra, el cáncer del espíritu, y debe ser erradicada de nuestro inconsciente. La grandeza de algunas personas, lo que podemos detectar en ellos, no siempre es un reflejo del interior del alma una persona.

El que trata de impresionar a otros con una apariencia de superioridad y grandeza, muy común en la política, se está engañando solo, pues la verdadera grandeza de un individuo, su verdadero mérito, no consiste en ocupar altos puestos políticos, como algunos podrían pensar, sino en realizar, en tener grandes logros con pocos recursos, en preferir la independencia mejor que el dinero, en serle útil a los demás.

Lo peor que le puede ocurrir a alguien es ser puesto en un pedestal artificialmente. Esto es casi una regla en el mundo político; en el mundo de candidatos, la mayoría superfluos, quienes todavía creen, con su falso orgullo, que ellos y sus partidos son milagrosos y que resolverán todos nuestros problemas.

Hace tiempo escuché que alguien dijo que “la igualdad de posición demanda igualdad de tamaño. Que el pequeño crezca y subirá, que el grande empequeñezca y descenderá”. Generalmente ocupamos el lugar que nos toca o por el que hemos luchado con sinceridad y honestidad; no es algo que de resultado el pedir ser elevados artificialmente si se es pequeño, (que es lo que hacen algunas campañas políticas), o que se hagan descender a los grandes para igualarnos. Esto es lo que hace el “socialismo” mal entendido y que ha sido la desgracia de algunos países.

Creo que nuestro destino como país sí está en nuestras manos. Si somos pequeños, como el partido tradicionalmente en el poder nos quiere mantener, nuestro destino será pequeño. Si somos grandes, nuestro destino será entonces grande. Seamos grandes a pesar de la ignorancia y la pobreza en que el partido en el poder pretende mantenernos.

A veces sin saberlo ni caer en cuenta, toda persona está haciendo una de tres cosas: subir, bajar o mantenerse estático. Para mantenernos en un mismo lugar, necesitamos tener la dimensión requerida. Si nos achicamos descendemos. Para mantenernos necesitamos crecer diariamente. Parte del éxito y la gloria en la vida está en aprender, crecer y subir.