HABLEMOS DE FELICIDAD

HABLEMOS DE FELICIDAD
Por
Mario Góngora H.

Hablemos de felicidad en voz alta. Quizá hasta ahora ha sido una desconocida que nunca nos ha tocado a la puerta; sin embargo hablemos a mendo de ella y con ella y quizá se vuelva amiga nuestra.

Vivamos en agradecimiento por las pequeñas cosas que tenemos y nos suceden, sin necesidad de desesperar si no tenemos lo mejor en el tiempo deseado. Hasta las grandes experiencias y logros nos pueden parecer poco si nos ponemos a analizarlos. Si aprovechamos sin cuestionamientos todo lo bueno que encontramos, con eso sobrará para hacernos sentir bien.

Alguien mencionó en alguna ocasión que “los sueños nos entregan a los sueños”, o sea que no hay límite para las ilusiones. La vida es una serie de modalidades y la luz u obscuridad que decidamos ver es lo que quedará en nuestra mente.

Objetivamente, todos podemos hacer nuestra vida placentera e ideal. Y lo que ahora es ideal, puede convertirse en real. La ciencia de vivir idealmente existe, y la puerta que conduce a todo lo mejor siempre está abierta. Podemos hacer que nuestros sueños se conviertan en realidad, y que logren las aspiraciones de nuestro corazón para llegar a la meta de nuestras ambiciones o deseos.

Los ideales son algo así como las estrellas; no podemos tocarlas, pero las hemos aceptado como guías, como lo hacen los navegantes. Ellos nos conducirán a nuestro destino.

Muy poco se necesita para alentar nuestra esperanza, para encontrar todo aquello que se vuelva la luz de nuestra vida. Y más que pensar tristemente en cosas del pasado, es mejor esforzarnos en mejorar nuestro presente, el que verdaderamente tenemos, saliendo sin miedo a encontrarnos con el futuro, con un corazón y una mente optimista.

Estar contentos con lo que tenemos, sin olvidar justas aspiraciones, es ser ricos. Poder seguir adelante sin lo que anhelamos, es ser poderosos. Ya todos sabemos que el bienestar proviene no de las muchas riquezas, sino de las pocas necesidades.

También cada vez nos damos más cuenta que hay quienes son felices en la adversidad y quienes son desgraciados en medio de las riquezas. Todo depende de la fortaleza con que unos soportan sus infortunios y del modo que otros emplean su riqueza. Jamás consideramos las ventajas de vivir una vida sencilla. Si conocemos algún rico que viva contento y feliz, estemos seguros que es porque ha aprendido a estar contento, no por ser rico. ¿Dinero? Es solo un medio no un fin.

Podemos considerar un grave error gastar nuestra energía en el exceso de estímulos innecesarios para luego agotarnos por exceso de trabajo, por dormir poco, por comer mal y por no darles al cuerpo y la mente el ejercicio necesario.

Al fin de cuentas lo que nos hace felices o infelices no es la riqueza ni la miseria sino nuestra imaginación, lo que hemos decidido pensar respecto a los acontecimientos que nos rodean. El exceso de bienes atrofia el pensamiento, la inventiva y todo tipo de esfuerzo.

Podemos concluir, y esto no les gustará a los políticos, que entre más vacía tiene el hombre la cabeza, más lleno necesita su bolsillo. Y como dijimos antes, tener lo que deseamos con moderación es ser ricos; ser capaces de pasar la vida sin lo que deseamos, eso es ser poderosos.