ARTE Y CIENCIA
Por
Mario Góngora H.
Existen cosas que solo son ciencia y muchas otras que son solo arte. Pero gobernar implica involucrar a las dos. Si falta uno de los dos elementos, jamás se podrá mejorar ningún gobierno.
En los asuntos públicos es difícil entenderse. Los dictadores o los gobernantes prepotentes le llaman “justicia” a sus actos, mientras que los que han sido sometidos luchan por sus “derechos”. Los sometidos dicen luchar por la libertad, la tolerancia y la paz. Los dominadores frecuentemente se convierten en dictadores o tiranos. La sensación del poder es mayor que la producida por muchos enervantes. Tan pronto un sometido obtiene el poder, se convierte en todo aquello que criticó. Para los poderosos la vida no vale nada.
La ilusión más grande del mundo es pensar que la mayoría es la que gobierna, pues de eso se trata la democracia. Y su mayor desgracia es descubrir que no es cierto. Desde el principio del los tiempos es un pequeño grupo de listos el que gobierna, mientras que un gran grupo de menos vivos es el que obedece.
Por otro lado, un gran número de los que se dicen patriotas son solo personas desilusionadas que lo único que saben es pedir sin dar, criticar sin sugerir. Muchos ni siquiera votan.
Cuando Tomás Alba Edison inventó una máquina para contar los votos, fue rechazada por “serles perjudicial” a los políticos. Para triunfar en política, solo se necesitan conocer las trampas de siempre. Hugo Chávez de Venezuela fue un buen ejemplo; Maduro su sucesor lo es también.
Los ciudadanos normalmente hablamos mucho sobre nuestros derechos y decimos que seríamos capaces de cualquier cosa con tal de protegerlos. Sin embargo en la vida real, somos como corderitos en el corral. Quizá olvidamos que nadie tiene derechos si no los mantiene o los conserva. El conformismo destruye el valor y los criterios de las personas y el que no tiene el valor para primero corregirse a sí mismo es el que normalmente pide más leyes para corregir a los demás.
Fuera de los países comunistas y algunos socialistas, ninguna nación ha sido llevada a su ruina por sus gobernantes sin que antes los ciudadanos les hayan comprado un boleto para tal destino.
Todas las tiranías y todos los abusos han sido siempre el resultado de darle a alguien poder ilimitado. Si alguien se lo toma y nosotros lo dejamos, la culpa es nuestra. Existen países que bajo descaradas dictaduras han alcanzado progreso, dicen, en medicina o en “educación” (como con Fidel Castro), pero estos logros no valen lo que cuestan, porque el individuo pierde el incentivo para bastarse a sí mismo. Gobernar bien es un arte y una ciencia y solo pocos lo logran con plenitud.
