LOS RÍOS DE LA POLÍTICA

LOS RÍOS DE LA POLÍTICA

Por

Mario Góngora H.

“Por mucho o poco que logre AMLO, siempre estará sujeto al veneno de la envidia, la codicia y el odio”

La turbulencia de los ríos de la política en nuestro país se percibe cada vez más a raíz de los que deben ser castigados y no lo son, y el que debe ser castigado porque es culpable y se dice y se siente inocente, que al cometer un delito piensa que está haciendo lo correcto cosa ya común en la cuasi dictadura de la 4ª.

Existe aquél que sintiéndose más importante que el Papa, reniega del líder que tocó el corazón de millones de nosotros en todo el mundo, olvidando que para ser líder, no hay que situarse en alguna cumbre para llamar desde ahí a los demás, sino es aquel que desciende a donde ellos están y con ellos comparte placeres y penalidades.

Es imposible que un líder pueda esperar tener seguidores si piensa mal de todos y los tacha de “adversarios” palabra mas suave que “enemigos”. Cada pensamiento que tenemos ya sea sobre nosotros mismos o sobre los demás, tiene un efecto dramático. Si esperamos algo malo de los demás, eso será lo que obtendremos. Si esperamos lo bueno, bueno obtendremos.

Mientras todos seamos enemigos de los demás, cosa evidente de la “4ª transformación”, no existirá un buen gobernante. Existen personas buenas y nobles todavía si solo empezamos a reconocer el mérito ajeno. Si todos somos enemigos como lo pretende el presidente, jamás se realizará progreso alguno. Es imposible tener logros si siempre tenemos que cuidarnos de vecinos, competidores, de gobernantes actuales y hasta de parientes. Edificar nuestra vida sobre la confianza y la fe en los demás es el inicio del  país que ya merecemos.

Y la filosofía de la armonía, de fondo, está basada en un gobierno sincero. Ser un buen gobernante no es nada fácil. ¿Qué tanto estaríamos dispuestos a sacrificar o darle al que le decimos amigo? La amistad no depende ni del capricho ni de la imaginación, sino del carácter, y así, como ya lo mencioné en alguna otra ocasión, ningún pobre puede dejar de considerarse rico sin tiene un buen gobierno, y no existe rico que no le podamos llamar pobre si le falta el estímulo de ese buen gobierno. La verdadera amistad entre las personas así como entre las naciones es ser leales en la adversidad; y la amistad no puede existir sin un afecto sincero y un auténtico desinterés, aunado todo a un claro discernimiento. De un amigo he aprendido que el mejor signo de amistad es señalar los defectos en privado, y hablar de sus virtudes en su ausencia.

Por mucho o poco que logre una persona, siempre estará sujeta al veneno de la envidia. Los ataques a la reputación de una persona y las mentiras a medias buscan la ruina del espíritu y del cuerpo. Debemos buscar las buenas cualidades de los demás entre amigos, conocidos y hasta entre los políticos. Para encontrar y descubrir sus fallas no necesitan de nosotros.

Nuestro país será un infierno si nadie confía en alguien más; si nadie tiene fe en sus semejantes o en su gobierno. Si es inevitable vivir entre nosotros, al menos debemos confiar en los demás.

En la política, un verdadero gobernante es aquel que nos ayuda a externar lo que hay en cada uno de nosotros aumentando la confianza en nosotros mismos.