Por
Mario Góngora H.
Cuando Albert Einstein nos habla del tiempo, la actividad del tiempo es relativa. El tiempo parece correr y moverse, los relojes van marcando segundos, minutos y horas. Miles de años de historia pasan y se van, pero Einstein afirmó que todo esto es relativo. Una prueba de que aún no se ha logrado un control en el entendimiento del tiempo, es que la gente continúa envejeciendo en un proceso lineal, tan fielmente como si en verdad existiera. Sin embargo, si Einstein tenía razón, el envejecimiento es una ilusión. Depende del antes y del después, dos conceptos que en la actualidad están en duda. Esto nos abre la puerta a controlar, detener e inclusive invertir los procesos de envejecimiento. Nuestros pensamientos, que controlan nuestras emociones, juegan un papel importante en el impacto del tiempo en nuestro cuerpo. Podemos, en la tercera edad, realizar actividades físicas superiores a muchos jóvenes de 20, y jóvenes de esta edad, pueden tener limitaciones como si tuvieran más de 60.
Einstein reemplazó el tiempo lineal por algo mucha más fluido, un tiempo que puede contraerse o expandirse, atenuar su paso o acelerarlo, pues el tiempo depende de la situación del observador. Y cada uno de nosotros tiene un dominio personal sobre el sentido del tiempo. El reloj no miente sobre el tiempo lineal que ha transcurrido fuera de nosotros, pero el tiempo subjetivo, el que existe solo aquí, dentro de cada uno de nosotros, es otra cosa. Si uno está aburrido el tiempo pasa muy lentamente; si uno está desesperado, se acaba el tiempo; si se está lleno de entusiasmo, el tiempo vuela. En otras palabras, cada vez que tomamos una actitud con respecto al tiempo, en realidad expresamos algo sobre nosotros mismos, sobre nuestras emociones El tiempo es en un sentido subjetivo, el espejo de nuestro interior.
La forma de ver el tiempo tiene mucho que ver con la manera de ser de cada uno de nosotros. Si uno tiende a estar ligado y preocupado constantemente con el tiempo, el tiempo es lineal. Con frecuencia resulta escaso, y tarde o temprano se acaba. El tiempo visto así, está basado en la aprobación, en la motivación y en el amor que vienen del exterior; no se ha dominado el mundo interior tanto como el exterior. Probablemente se le da más valor a la euforia que a la paz interior. Quizá se ansía demasiado ser amado por los demás y así se pierde la oportunidad de encontrar la auto aceptación y el auto conocimiento.
Si en nuestra conciencia somos más bien atemporales, el sentido del amar y ser amado se basa más en una relación con uno mismo. Se valora más el desapego que la posesión. Las motivaciones tienden a ser más a ser internas que externas. En algún momento de la vida se ha tenido la sensación de ser más grandes que nuestra limitada persona física. En este caso, la vida puede haber sido modelada por experiencias místicas. Mientras que otros temen a la soledad, una persona atemporal, la agradece. La soledad ha desarrollado en nosotros la capacidad de saber quienes somos, y en este caso, se convierte en una necesidad.
Pero el tiempo no solo puede ser subjetivo, “la teoría sostiene que relativamente a un observador estacionario, el tiempo parece fluir más lentamente para los cuerpos que se desplazan rápidamente: por ejemplo, un reloj que se desplaza parecerá correr más lento; al incrementar su velocidad y acercarse a la velocidad de la luz parecerá haberse detenido completamente. Sin embargo, este efecto sólo hace posible el “viaje en el tiempo” hacia adelante en el futuro, nunca hacia el pasado. Este tipo de viaje no es típico de la ciencia ficción, y no se tiene ninguna duda acerca de su existencia”. Estoy seguro que este siglo será testigo de los primeros viajes a través del tiempo.
