EL POSITIVISMO

Por
Mario Góngora H.

El positivismo no es solamente un elemento del éxito personal y social, sino algo esencial para realizar cualquier cosa importante. Es tan vital para nuestra existencia, como lo es el aire que respiramos.

El optimismo y el positivismo son necesarios para que la habilidad y el trabajo den buenos resultados. Todos tenemos que tener la habilidad de cómo sacar el sol, la alegría y la felicidad de un día nublado y triste.

El mundo avanza y cada día aprendemos de nuevas escuelas de pensamiento y de técnicas para experimentar una mejor vida, pero pronto serán reemplazadas por otras. Algunas serán lo mismo, pero puestas en diferentes palabras, como lo son la “ley de la atracción “ y “el secreto”.

En estos tiempos en que la población del mundo crece irremediablemente, ¿no será posible que si la violencia y el vicio estén creciendo, lo estén también las virtudes del ser humano?

Es imposible evitar que el mundo sea mejor el día de mañana de lo que es hoy. Hasta el más humilde trabajador tiene en la actualidad más comodidades que hace algunos años no estaban al alcance de los más afortunados.

Nadie puede realmente realizar cosas extraordinarias sin positivismo. Un filósofo dijo alguna vez que “nos conmueven mejor las grandes posibilidades que las pequeñas certidumbres”.

Tenemos que considerar que la fe no es algo pasivo. No podemos solo hacer oración y esperar que nuestros sueños se cumplan, sino tenemos obligatoriamente que entregarnos a la acción, a cumplir con nuestras obligaciones. En vivir de acuerdo no solo con las reglas de la sociedad, sino con nuestros ideales personales, aunque seamos criticados por muchos.

A pesar que nuestra sociedad vive en el mar del materialismo, en el interior de cada uno de nosotros viven ideales y sueños. Y a pesar de poner todo nuestro esfuerzo y trabajo en dominar y adquirir todo lo material, la auténtica vida solo se encuentra en nuestras metas, en nuestras emociones así como en nuestras convicciones, valores y creencias.

El positivismo nos da una tremenda fuerza para tener esperanza, para estar convencidos de que nuestros sueños se convertirán en realidad. De hecho, no existe mejor hábito que el que nos levanta el entusiasmo: el de tener la confianza de que veremos convertidas en realidad las aspiraciones de nuestro corazón; que las cosas vendrán como las deseamos. Que sin importar lo que pase y lo que nos rodeé, podremos mantener una actitud optimista para buscar, mantener y siempre esperar lo mejor.