Por
Mario Góngora H.
Contrario a lo que muchos pudieran pensar, la verdad solo se encuentra buscando lo bueno en todo lo que nos acontece y en todo lo que nos rodea. La mentira se encuentra en todo lo negativo, violento, malo y delincuencial.
La gesta por la verdad se realiza a través de libros; otros la buscan por medio de sistemas sociales, otros por la investigación personal; otros la reconocen pero no la adoptan, otros por medios científicos, y otros más se regocijan en ella, pero la ocultan.
En la búsqueda, pronto comprendemos que existen cosas espirituales, quizá incomprensibles, pero que tienen que ver con nuestra vida y que quizá la ciencia debería tomar en cuenta. Si intentamos ver las estrellas desde el sótano de la ciencia, seguramente diremos que no existen y podremos demostrar que desde ahí, no se ve nada.
En realidad nadie puede probar que somos seres espirituales, pero tampoco nadie puede probar que no es así. Pero todos podemos saberlo, verlo y sentirlo por mera intuición.
El alma del hombre nace desde su concepción, y pronto en la vida tiene conciencia del bien y del mal, y va reconociendo que el placer de hacer el bien se encuentra en el bien mismo. Sin malas influencias, se conduce bien sin necesidad ni de premios ni de castigos.
Si dejamos a un lado argumentos sociales y políticos, y nos preocupamos para ser mas caritativos, equitativos y útiles por puro interés propio, además de beneficiarnos nosotros mismos, beneficiamos a la sociedad. Y quienes nos instiguen odio por algo o por alguien solo nos están engañando y haciéndonos perder el tiempo.
Desde Aristóteles y Platón, todo el que promueve la felicidad habla del auto control, del ahorro, del trabajo para hacer una vida mejor. Ninguno de los que nos hablan del éxito nos recomienda el robo, la extorsión, el abuso, los vicios ni el ser perezosos. Todos declaran que debemos ser dueños de nuestro destino y que debemos respetar el derecho ajeno.
Pocos se atreven a enfrentarse a la verdad. Es como el sol, que por miedo, no nos atrevemos a verlo por miedo a quedar ciegos. Sin embargo, el mundo puede ser el paraíso terrenal si así lo pensamos, o el infierno si así lo decidimos. Todo a lo que nos enfrentamos toma la forma y el significado que queramos darle.
Hace mucho leí que “tener todo lo que el cielo nos brinda y no sentirnos en el cielo, es el mismo infierno…”
El hombre que se ve a sí mismo como conocedor de la verdad, jamás debe cerrarse a ninguna idea; no debe tener miedo de pensar ni de dudar de cualquier cosa, pero tampoco debe llevarse a ninguna persona por el camino de la duda sin que pueda mostrarle en dónde se encuentra la verdad.
