Por
Mario Góngora H.
Para que los demás sepan quienes somos y de lo que somos capaces de lograr, necesitamos probarlo a través de nuestro desempeño. No existe mérito alguno en la pasividad, ni en la pereza ni en la inactividad. Los logros de alguien que no pueden verse o sentirse, no son aceptados por la mayor parte de la gente.
La habilidad, o la destreza para ejecutar una cosa con absoluta excelencia requiere algo más que la sola ambición económica, y es reconocer que el mundo nos da en realidad, todo tipo de oportunidades para distinguirnos en lo que más nos gusta hacer, y cada quien puede destacar en diferentes áreas, como la ciencia, la música, el deporte, el circo, etc. Son más bien los perezosos los que nunca alcanzan distinción.
Es la incapacidad derivada de la flojera, la que nos acerca al fracaso. Los grandes premios y satisfacciones en la vida los alcanzan los que se han preparado con el esfuerzo constante, en actividades útiles y de valor.
Quizá algunos se inclinen por vivir sin gloria ni fracaso y que solo existen para sí mismos. No conocer ni fracaso ni derrota es característica de las almas tímidas, frías, como lo es también el señalar los defectos de los demás, aunque estos sean inventados. El que es de mérito, es el que lucha, se equivoca, y rectifica sus errores y que a pesar de no lograr el éxito o el triunfo, al menos puede decir “lo intenté”; el que ha demostrado al menos, haber puesto todo su esfuerzo y toda su alma embebida en los verdaderos valores en el intento, poniendo en acción sus habilidades.
El mérito derivado de poner en acción nuestras habilidades, está en la eficiencia, en la habilidad de pensar con sentido común, así como estudiar y trabajar para ejecutar todo aquello que pensemos emprender. Solo se es grande si ponemos en acción nuestras habilidades, nuestro talento. Ya no se trata de solo intentar de hacer las cosas bien, sino de hacerlo mejor que todos los demás.
Ahora en día ya no se trata solamente de hacer lo que nos gusta (nuestro trabajo) bien, se trata de hacerlo mejor que ningún otro. Para hacer los que algunos dicen “esto no se puede”, se necesitan habilidades diferentes.
Hoy en día que nos encontramos dirigidos por políticos sin habilidades positivas, así como ineptos; habrá que recordarles que estar en posesión de un puesto gubernamental no es lo importante, sino en hacerlo productivo, sensato, útil y provechoso para los ciudadanos. Y estamos viviendo tiempos en los que es obvio que las grandes obras y los grandes proyectos apuntan a ser fuentes de ingreso solo para algunos.
La diferencia entre un gobierno y otro no es el partido que está a la cabeza, sino la honradez, la capacidad de ideas de verdadero beneficio— las buenas ideas puestas en práctica, y un verdadero espíritu de entrega. Cosas que no vemos ni sentimos, y que lo que escuchamos en informes, son meras mentiras
