VIRILIDAD

Por
Mario Góngora H.

Normalmente entendemos por virilidad la capacidad de un hombre de actuar sexualmente como tal. También el término representa la fuerza, el vigor corporal, el ímpetu, la violencia….el ser “muy hombre”, “muy macho”, el mostrar su bíceps tanto como pueda.

Sin embargo la virilidad real va mucho más allá de estas interpretaciones. La manifestación más auténtica de virilidad se encuentra en la fuerza de carácter. Si queremos ser de verdad fuertes, debemos convencernos de que la fuerza de carácter es la de mayor valor y es la más necesaria en las batallas de la vida; mucho más que la fuerza del dinero.

El hombre más viril es el de espíritu fuerte, al enamorado de la verdad y de la justicia. No es el que más mata, ni el que más roba o secuestra. Ni el que más mujeres viola.

El hombre realmente viril es normalmente desconocido porque no aspira a la fama ni a premios. Es el que decide no salir en la foto del político en turno. Es el que vive una vida de lucha y trabajo. El que vemos alegre a pesar de sus reconocidos errores y fracasos. Es el de convicciones nobles.

El que es realmente viril, es el que tiene una voluntad firme y está determinado a triunfar a pesar de todos los obstáculos. Porque aunque puede cometer errores, sabrá cómo sacar provecho de ellos.

El hombre viril es el de constante entusiasmo y constancia; y una agresividad dirigida hacia el bien, pues sabe que el hombre que triunfa, es el que está dispuesto a intentarlo todo. Nunca le rehuye ni al trabajo ni a las dificultades.

Si llegamos a ser un fracaso, lo será por voluntad propia. Mientras uno mismo no se declare derrotado, lo que otros digan ni tiene la menor importancia. Dice un dicho “Todo mundo puede notar cuando hemos perdido una escaramuza; pero solo uno mismo puede saber cuándo ha perdido la batalla definitiva…”

Aquellos que se han declarado más fuertes que la adversidad nos han puesto la muestra del verdadero significado de la virilidad. Ejemplos hay muchos de los logros de infinidad de los que llamamos “discapacitados”. Nos han demostrado que tienen mucha más capacidad, hombría y virilidad que nosotros. Y nosotros, a quienes el destino no nos privó de facultad ni miembro alguno, solo nos falta una porción de virilidad, y nada valdremos si no la tenemos.

El verdadero hombre “viril” no tiene que responder a la presión social con los comportamientos asociados a dicho término, como el tener una fuerza descomunal, el no ser afectivos, o el ser “muy machos”. Solo debe contar con una verdadera fuerza de carácter.