Por
Mario Góngora H.
Lo que hace falta en las escuelas es más amor, una visión más cristalina, y una clara inspiración por parte de los maestros. Actualmente se encuentran las escuelas enredadas en formulismos, y enterradas en métodos retrógrados. Los maestros van a la escuela con sus apuntes llenos de cosas superficiales, en vez de llevar el corazón lleno de alegría y de entusiasmo por tener el privilegio de ayudar a las futuras generaciones a ayudarse a sí mismas.
Hace años alguien mencionó que el fin de la educación no es solo dar cierta cantidad de conocimientos, sino de despertar las facultades y enseñar al hombre el uso de su propio espíritu. No solo basta el cerebro, se necesita también el corazón: no solo es la cabeza, sino también la voluntad. No basta instruir, es indispensable educar, y al corazón solamente se le puede educar con el corazón, amándolo.
Es muy importante que el sistema educativo comprenda en que es más importante interesar al hombre en hacer cosas nuevas, que en aprender cosas viejas. En los textos y en las clases se aprende a visualizar más muertos que vivos recorriendo las calles. Parece ser que la enseñanza vive en el pasado y habla solo del pasado. De héroe tras héroe que mataron a otros héroes. Si los maestros alguna vez hablan del presente, es solo para quejarse de su decadencia. Del futuro casi no hablan porque le temen.
El elíxir de la juventud no está en introducirse drogas en el organismo, sino en contar con nuevas ilusiones en nuestra alma. Lo que arruina al país es la monotonía, la participación del gobierno paternalista, la esclavizante imitación, el pensar que el trabajo es un sacrificio, así como una educación que nos lleva al egoísmo y al odio. No es posible que un individuo aprenda con igual rapidez lo que le gusta que lo que no le agrada.
Que solamente nos enseñen en la escuela lo suficiente para “trabajar para vivir”, descuidando la poesía, la música, la pintura, la lectura, nos vuelva la vida monótona y nos provoca un envejecimiento prematuro.
Existen escuelas y colegios que se especializan en cultivar la idolatría al ego, y por lo tanto se sienten, se ven y se creen hombres superiores. A estas personas se les dificulta comprender que existen muchas personas altamente educadas, cultos en todo el sentido de la palabra sin que hayan puesto pié en la escuela. En estos tiempos existe otra ventaja: todo el conocimiento vertido en las mejores universidades pude ser adquirido o encontrado a través del Internet.
El que una educación universitaria beneficie a una persona o no, depende del individuo, pues la verdadera educación, al final de cuentas, es educarse a sí mismo. Las escuelas son meramente agentes para facilitar o dificultar el aprendizaje.
La educación actual ayuda muy poco a resolver nuestros problemas económicos, políticos y sociales. En este sentido, es igual a nuestros partidos políticos.
