Por Mario Góngora H.
Algunos se aferran en creer solamente lo que les agrada….o les conviene, y quienes así lo hacen tarde o temprano lo pagan caro. Debemos comprender que en ocasiones es conveniente escuchar aquellas cosas en las que no queremos creer. La única verdad es que nadie posee la verdad absoluta.
Nuestras verdades no son necesariamente verdades completas, ni los errores de nuestros opositores carecen completamente de base, aunque el pensar que nadie tiene la razón sino uno, es lo que provoca el desequilibrio en la sociedad. El mundo siempre ha luchado por querer tener un gobierno de verdad, basado en verdaderos ideales, lo mismo que una religión “única y verdadera”
La verdad es necesaria en todo. Hasta en las pequeñas cosas, un pequeño error de cálculo puede tener resultados catastróficos. Y si hablamos de política, el aceptar un credo político equivocado nos puede causar más daño que ingerir la medicina equivocada en una enfermedad.
El mundo político no se ha dado cuenta que lo que necesita principalmente para el futuro de todos los ciudadanos no son promesas de acabar con el hambre, ni de darle a toda la población medicinas gratis, ni bajar el costo de la gasolina, sino simplemente necesitan dejar de mentir, de acabar con todo tipo de falsedades.
En la verdad están basadas todas las libertades, ya sean en lo político, en lo social o en lo personal. Y si entendemos la verdad, nos daremos cuenta que el radicalismo combinado con populismo de unos nos lleva a la barbarie, mientras que los que promuevan intensificar las virtudes que nos llevan al bien, sin importar de qué época sean, nos dirige hacia una civilización ordenada. Y no hablamos de aquellas cosas que ya han perdido su utilidad, pues uno de los grandes problemas de la vida es cómo deshacernos del pasado, de las cosas gastadas. Pero los Principios Universales llamados también verdades eternas, son aplicables hoy y mañana.
Todos estamos obligados a contribuir al establecimiento de condiciones en que la pobreza, la infelicidad y el sufrimiento sean cosas del pasado; el no permitir ni tolerar que nadie sea ignorante, ni vago ni pobre en extremo. Pero tampoco debemos entusiasmarnos con todo lo nuevo, solo por lograr un cambio, sobre todo si sabemos que nos causará un daño. En ocasiones es cierto el dicho “más vale malo por conocido que bueno por conocer…”
De las cosas “viejas” que debemos conservar son, el valor del tiempo; los beneficios de la perseverancia; el placer del trabajo; la virtud de la sencillez; el poder de la bondad; la importancia del ejemplo; y la satisfacción de haber cumplido.
La razón trata de aquel “pensar” que nos “permita dilucidar las mejores soluciones tanto para los problemas de la vida cotidiana, como para aquellos que poseen una mayor dificultad”
