Por
Mario Góngora H.
Si alguien preguntara que cuál es el secreto del éxito o para lograr lo que muchos consideran imposible, seguramente respondería que es el elemento del entusiasmo, que para los griegos significaba “tener un dios dentro de sí”
El entusiasmo es lo que nos da una nueva visión de la vida. Mucha gente confunde el optimismo con el entusiasmo. “Optimismo significa creer que algo favorable va a ocurrir, inclusive anhelar que ello ocurra, es ver el lado positivo de las cosas, es una postura amable ante los hechos que ocurren. En cambio el entusiasmo es acción y transformación, es la reconciliación entre uno mismo y los hechos, las cosas.”
En este mundo existen dos clases de hombres. Algunos son los entusiastas por el cambio y el progreso y hacen algo al respecto. Otros, son los que nada hacen y se dedican a sentarse a criticar porque esto o aquello no se hizo mejor de otra manera, como ellos querían.
Es cierto que nada que verdaderamente valga la pena se ha hecho o construido sin entusiasmo.
La verdad es que todo se vuelve más amable cuando tenemos entusiasmo. El trabajo se vuelve un placer; el mundo se convierte en un brillante y mejor lugar. El entusiasmo por algo es lo que hace la vida agradable.
Si somos observadores, descubrimos que la misma naturaleza nos ha destinado a ser fuentes de entusiasmo y no seres destinados a la desesperación, la tristeza y la negatividad.
Al igual que la depresión y la tristeza son contagiosas, así también lo es el entusiasmo. Seamos pues entusiastas en todo momento haciendo partícipes a todos los que nos rodean. El entusiasmo es como la fe, pues con suficiente entusiasmo podemos remediar todos nuestros males y los de otros, y así lograr desempeñarnos al máximo de nuestras habilidades.
Los milagros en tiempos pasados los hacían los santos. Ahora los hacen muchos hombres, únicamente que se les dan otros nombres, pero son milagros de cualquier manera. De hecho, cualquier cosa grande que el hombre realice, invariablemente tendrá que depender del entusiasmo que posea.
El entusiasmo es considerado por muchos como “el motor del comportamiento” y de ahí se deriva que la felicidad y el bienestar interior también se asocien al entusiasmo.
En ocasiones existe el entusiasmo por cosas innobles y hasta ilegales, pero cuando nos entusiasmamos por cosas bellas y nobles, encontraremos que podemos lograr hasta lo imposible.
