ENVIDIA

Por Mario Góngora H.
Ser envidiado es ciertamente mejor que ser compadecido. Sin embargo, no es una sensación agradable el ser envidiado por los demás.

Ser innovador; subir algún puesto en la empresa o en el trabajo; el destacar en algo; subir nuestro estatus en la sociedad; el tener éxito, casi invariablemente son motivo de hostilidad por parte algunos. Estos son los que de alguna forma puedan ver a la persona de éxito como una amenaza. Se da un rechazo y muchas veces se toman acciones para evitar que la persona, que a través de su esfuerzo y dedicación ha escalado algún peldaño, se derrumbe bruscamente. Esto es parte de la vida. Casi podríamos decir que la envidia es algo “normal” en el ser humano por lo mucho que se manifiesta. Cuando alguien empieza a destacar en la escuela, en los deportes, en el trabajo, en el arte, en la ciencia, muchos tratarán de hacer parecer que lo que la persona hace o desempeña es realmente algo inútil, imposible, malo o sin importancia. Por eso desde los tiempos escolares al estudioso y bien portado le dicen “nerd”, o al atleta destacado le llaman “presumido”.

Sin embargo, para aquel que ve o siente que es objeto de críticas o burlas por parte de los envidiosos, existe una fórmula que ayuda enormemente a cambiar las actitudes de aquellos que no pueden ver los avances o éxitos que uno pueda tener. Se trata simplemente de ser amables con ellos. Si un rival es amable, tendemos a no sentir tanta envidia, pues se envía un mensaje inconsciente de que existe una cooperación entre ambos y que conviene mejor a los intereses de todos el estar aliados y unidos. Comentar nuestra buena fortuna es casi tan malo como hablar de la mala suerte que hemos tenido. Sin embargo, si podemos tener suficiente empatía con aquellos que desean firmemente lograr algo, tendremos un aliado más que un adversario. Hacer todo lo posible por fortalecer una relación es mejor que enfatizar las diferencias.

La envidia es desatada en muchos casos cuando alguien percibe que su felicidad o su seguridad son amenazadas por la suerte, el desempeño o trabajo de otros. Cuando alguien piensa que alguien se quedará con lo que él se merece o que pudiera obtener, un profundo sentido de inferioridad se manifiesta, al igual que una profunda hostilidad. Quizá tenemos que cuidar en qué forma nos comparamos con los demás.

El igual que el estrés o la ansiedad, pequeñas dosis de envidia pueden ser buenas. Nos puede motivar y energetizar para progresar y ser mejores. Si alguien envidia el carro del vecino, tendrá que concluir que la forma de igualarlo será trabajando más. Si lo hace, lo logrará. La envidia en dosis controlables nos ayuda también a conocernos a nosotros mismos. Nos hace reconocer lo que realmente nos interesa y nos importa. Nos define hasta cierto punto cuáles son algunos de nuestros valores.

En términos generales, las personas insatisfechas con la vida son más envidiosos, así como personas que exhiben alguna neurosis, caracterizada por tendencias a sentirse preocupados, inseguros o que malinterpretan los acontecimientos que les rodean. Alejémonos de la soledad y hagamos más amigos. Esto nos servirá en parte para no sufrir esa desagradable sensación de la envidia.