Por
Mario Góngora H.
No me cabe duda que la hostilidad de unos a otros es como un suicidio. Los hombres, al igual que los alfileres, si pierden la cabeza, terminan siendo inútiles para la sociedad.
El país necesita muchas cosas, sobre todo después del triunfo de la dictadura “por la vía democrática”, pero lo que más necesita es independencia de pensamiento y de decisión. Necesita hermandad de espíritu, en vez de la mentalidad acostumbrada de rebaño y rivalidad. Para florecer como nación es cuestión de cooperación mutua. Sin embargo, somos un país de egoístas. Más que de la fertilidad del campo, la prosperidad del país depende de que el hombre se cultive a sí mismo con esmero.
La base de la concordia está en ver las cosas también desde el punto de vista ajeno, admitir el derecho que cada quien tiene a sus opiniones y dejar que cada uno esté contento a su modo.
Concordia significa unión, armonía y conformidad en un tono amable. Significa reciprocidad, el cambiar favores por favores, cortesía por cortesía, honradez por honradez, decencia por decencia.
La concordia parte de la buena fe de las personas. La mina más rica de la tierra solo se encuentra en la inteligencia, la previsión y el esfuerzo coordinado humano, y lo que nos falta es la dedicación y la tenacidad para todos avanzar. En el presente, lo queremos lograr solos. Recordemos que quien más puede hacer por uno es uno mismo, pero la nación nos requiere a todos trabajando juntos.
Se dice que el país sufrirá humillaciones y pobreza “mientras no practique la concordia, la industria y el ahorro, que son las bases de al auténtica riqueza”.
De lo que uno cree y cómo lo cree, depende lo que uno pueda lograr. El optimismo es creador de armonía y riqueza, porque su visión es inmensa.
Las logros más valiosos de la vida son producto no únicamente de las energías combinadas del corazón y la mente, sino de la armonía entre las personas. Tanto el idealista así como el materialista, tienen su lugar en el mundo pero ambos tienen sus limitaciones. Cada una de estas visiones tiene que encontrarse con la armonía, con la concordia para lograr un solo fruto: un mejor país.
México no es un productor de mexicanos. Los mexicanos somos los que formamos, alimentamos y preservamos la nación. México no existiría sin sus ciudadanos. La calidad del país y de su gobierno depende entonces de nosotros.
Si el país hubiera estado en concordia y armonía, unificado en sus metas y no en la codicia y las ambiciones, la democracia no hubiera sido comprada ni mucho menos vendida.
