Por
Mario Góngora H.
Se dice que durante un gobierno, cualquiera que sea, la gente es como un rebaño: el pastor puede llevarlo al cielo o al infierno. Se puede, inclusive, alegar que “vivimos” cuando en realidad morimos.
Si no hacemos ningún esfuerzo en la vida, sobre todo en estos tiempos que nos tocó vivir, si nos movemos en la línea del menor esfuerzo y resistencia, es absolutamente seguro que vamos a ir descendiendo en lugar de subir. Todo lo que asciende, tiene que ser impulsado, mientras que para descender, solo se necesita resbalar hacia abajo.
Por sobre todo lo dicho y publicado sobre nuestro estado, nos asomamos a contemplar el misterio de un mundo desconocido, que nos dicen que es maravilloso y nos imaginamos que en realidad ahí está la felicidad. Todo lo que nos pintan luce como una maravilla, como logros nunca antes obtenido en la historia.
Y mientras, todos los hijos pródigos, los ciudadanos, siguen por la vida sin ideales auténticos, buscando la felicidad donde sabemos que nadie la ha encontrado. Sus días son días de desengaños y su visión se nubla; se vuelven anémicos por alimentarse con información y logros de paja.
En realidad, no debemos estar por callar ante la avaricia, prepotencia y poder de los políticos, ni tampoco en fomentar la envidia y la lucha de clases de los pobres. En el mundo, un corazón que comprenda es tan necesario como unas manos industriosas y una voluntad firme.
¿Qué necesitamos para que los que nos ven como un rebaño comprendan que la prosperidad de una nación está en relación con la prosperidad de la mayoría de los ciudadanos que la forman?
La Biblia dice que “Al rico no lo deja dormir la abundancia” , ¿y sí dejará dormir al rico político y gobernante cuya abundancia se debe al saqueo de su pueblo?
¿Cómo podemos catalogar a quien nos gobierna con las características de un dictador? Podemos decir que el dictador, quien nos ve como rebaño, se identifica más por su carácter que por el hecho de ocupar un poder político. Es el que muestra un profundo desprecio por la opinión ajena e ignora el derecho que asiste a los que son sus rivales en ideas, opiniones y acciones. El dictador es intolerante, sectario y hasta paternalista en actos populistas.
En gran parte, nuestros procesos mentales se dan a la tarea de encontrar excusas para seguir pensando como pensamos, a seguir tolerando lo que hemos venido tolerando. La verdadera inteligencia consiste en ser capaces de cambiar nuestro modo de pensar y de poner un fin a quienes ostentan el poder de forma egoísta y prepotente
