NUESTRO TEMPERAMENTO

Por
Mario Góngora H.

En el año de 1748, Lorenzo Gracián escribió un libro titulado “El Criticón” donde escribe: “el necio da en presumido y el sabio hace del que no sabe; el cobarde afecta el valor y todo es trato de armas y pistolas y el valiente las desdeña; el que tiene da en no dar y el que no tiene, desperdicia; la hermosa afecta el desaliño y la fea revienta por parecer; el elocuente calla y el ignorante se lo quiere hablar todo; el diestro no osa obrar y el zurdo no para . Todos van por extremos, errando el camino de medio a medio”

Nuestro temperamento, la forma en que actuamos y en que somos, no debe descansar en imitaciones ni en falsas creencias. Tener personalidad significa poseer cualidades y defectos propios, un carácter distinto al de los demás, libre de imitaciones con el que nos distinguimos por ciertos rasgos morales, intelectuales y físicos.

La naturaleza nos ha hecho diferentes. Hemos sido nosotros mismos los que por un deplorable defecto de carácter nos hemos vuelto casi iguales. Las modas inclusive, cambian nuestros hábitos, nuestros pensamientos, nuestro cuerpo y al final de todo, también nuestra vida.

Las peculiaridades de carácter no distinguen a un hombre como inferior, más bien pueden a veces, mostrarlo arriba de lo normal. La personalidad débil se manifiesta por una ausencia de individualidad; por falta de criterio propio, por tener que ser siempre guiados, dirigidos, o por estar siempre rezagados.

Es prudente oponerse a tomar y tener las características ajenas (aunque las técnicas de ‘modelado’ lo sugieran). No nos dejemos arrastrar por los gustos, ni por los juicios, ni por las presiones de los gobernantes. Pensemos por nosotros mismos. Es preferible ser hasta paradójicos que carentes de temperamento, de personalidad.

La gente se estandariza por tres cosas: Porque así le conviene al gobierno; porque con ser iguales a los demás creen tener cierta seguridad, así también porque les gusta mirar a su alrededor y ver sus propias opiniones y costumbres reflejadas y repetidas en los demás.

Nuestro temperamento consiste en saber mostrar nuestro interior, en que los demás se den cuenta de que hay algo dentro de nosotros mismos peculiar y único. Todos tenemos buenas ideas y emociones que no es vergüenza mostrar, y que por e l contrario, nos dan a conocer mejor.

Mientras más variado y rico es nuestro interior, y mientras más libremente demos expresión a nuestro yo, mayor la personalidad que tenemos a los ojos ajenos. Si somos sinceros, francos y amables, adquiriremos confianza y la inspiraremos. Y no olvidemos que la solemnidad va casi siempre unida a la vanidad, la que debe ser evitada a toda costa.

Normalmente no somos lo que nosotros mismos queremos ser, pero eso sí, lo que pensamos, eso somos