PENSAMIENTO, EMOCIÓN Y SENTIMIENTO

Por
Mario Góngora H.

Cada pensamiento que aceptamos, cada emoción que dejamos apoderarse de nosotros, así como el sentimiento derivado de tal emoción, deja su huella en formas de incapacidad para la vida o de un aumento en nuestra capacidad de vivir, según el caso.

Lo que tiene enfermos a una inmensa mayoría de personas, es una combinación de la duda de su propio valor; los desengaños sufridos, los matrimonios desgraciados, la codicia por lo que no tienen, el tedio, y el cansancio de cuanto existe.

El tedio, el fastidio, es una sensación tan real, como un tremendo dolor de muelas. El desaliento, el darse por vencido es prueba de desconcierto. Representa un estado de ánimo opuesto a la confianza. Por lo mismo, el tratamiento del cuerpo físico no puede desligarse del tratamiento emocional, o más bien, del tratamiento sentimental.

La inmensa mayoría de gente estudiada todavía confunde una emoción con un sentimiento. Esto es un error. Más que “control de emociones” o de inteligencia emocional, debemos hablar del “control de sentimientos” y de inteligencia sentimental.

Los sentimientos son el resultado de las emociones. La palabra sentimiento viene del verbo “sentir” y se refiere a un estado de ánimo afectivo, por lo general de larga duración, que se presenta en el sujeto como producto de las emociones que le hace experimentar algo o alguien.

“La palabra sentimiento en un principio se utilizaba para referirse a todas las experiencia sensoriales y subjetivas, sin embargo, actualmente en el campo de la psicología se usa para designar las experiencias subjetivas que forman parte de los individuos y que son el fruto de las emociones”.

“El desarrollo de la empatía es lo que permite a las personas poder entender los sentimientos de los demás. Los sentimientos pueden ser de corto o largo plazo, pero generalmente suelen mantenerse durante largos períodos de tiempo. Por ejemplo, los sentimientos de amor en algunos casos suelen durar mucho tiempo. Otros ejemplos de sentimientos incluyen los celos y el dolor o sufrimiento”.

Los dolores de origen sentimental son con frecuencia más severos que los de origen orgánico. La fatiga de origen mental o percibida en el corazón por medio de un sentimiento negativo, es peor que la fatiga muscular ocasionada por el trabajo pesado; pero para todos los síntomas de origen psíquico y sentimental, la clave es cambiarse uno mismo, cambiando nuestros hábitos de pensamiento, malos por buenos. Adquirir ecuanimidad y una personalidad “normal”.

La ira, el odio, incluyendo el inculcado, como el que una mala madre o un mal padre inculcan en sus hijos contra su cónyuge; el miedo, los celos y todas las pasiones violentas son venenos que penetran cada una de nuestras células. Entonces, el propósito de la reeducación mental, emocional y sobre todo sentimental, no es solamente acabar con ciertos síntomas negativos, sino hacer del enfermo, una persona dueña de sí misma.