LO QUE VALE EL PAÍS

Por
Mario Góngora H.

Lo que vale nuestro país, depende de lo que valemos sus ciudadanos; y existen naciones que son consideradas ricas, todo, en proporción al número y voracidad de sus parásitos.

Para que los recursos naturales del país valgan algo, hay que sumarle el elemento humano, que es lo que les da valor a dichos recursos. Con solo ver el agua, no saciamos nuestra sed. De nada valen las tierras si son expropiadas a sus dueños que no las trabajan para dárselas a otros que tampoco las trabajan. Sin embargo, cuando el hambre o el anhelo nos hagan trabajarlas a unos y a otros, las tierras se convierten en riqueza. También, es más fácil aumentar la capacidad de producción de la industria, que la de consumo, lo cual tampoco produce riqueza en ningún país.

Las naciones, al igual que sus individuos fracasan o alcanzan el éxito según se conducen. Y el problema que tenemos es que vemos el patriotismo bajo el esquema de que somos más valientes que todos los demás, más ricos más capaces, más cultos, más justos, más ruidosos y violentos en un juego de futbol, más enojados y molestos porque algún extranjero nos critica. Pero tener patriotismo meramente significa mejorar nuestros hábitos individuales y sociales, y en lograr que en el país impere el trabajo, el orden y la justicia. Simplemente seguir un código de ética del cual estén ausentes la prepotencia y la impunidad.

Algunos, derivados del código de ética para funcionarios públicos, aunque no todos, consideran el bien común; la integridad; la honradez; la imparcialidad en nuestros juicios; la justicia; el respeto al entorno cultural y ecológico; la generosidad, la compasión y caridad, así como la igualdad y el respeto.

En parte, ignorantes y flojos (con sus excepciones), tenemos que quienes empiezan mal, buscan una curul, mejor que una ocupación industrial, médica, científica o comercial. Igual, buscan otras actividades políticas mejor que el cultivo de la tierra, o el ejercicio del comercio o el de cuestiones industriales. Existe mucha más dignidad en trabajar el campo que en pronunciar un mal discurso, o que en dormir en una butaca en la cámara de diputados.

Cuando podamos reconocer la fuerza que hay dentro de nosotros, las oportunidades serán ilimitadas. Ninguna nación es grande sin el esfuerzo y la eficiencia de sus hijos.

El país más grande será el que trabaje más; el más patriota será aquel que tenga las mayores virtudes cívicas.

Una persona con buenos principios, que le guste trabajar y con razonables ambiciones, tiene un valor mucho mayor que el de una mina de oro o que una plataforma petrolera. El que puede producir dos mazorcas donde antes se producía una, o dos pacas de pastura donde antes solo se sacaba una, le presta a la patria un servicio incomparablemente mayor que el que puedan darle todos los políticos juntos.

El valor de una país se encuentra en sus ciudadanos.