Por Mario Góngora H.
El secreto de la cooperación consiste en tener una causa común y adoptar, aún a costa de nuestro orgullo, las ideas y los métodos de los demás, cuando los demás no aceptan las nuestras. El de mayor éxito será el que encuentre gusto en hacer las cosas según las ideas de otros. Así pues, el éxito o el fracaso dependen del individuo y su aceptación de que alguien más pudiera “tener razón”.
La cooperación es el elemento clave para la promoción y materialización de una idea, ya sea en el hogar, en los negocios, en el arte, en el deporte y aún entre amigos. Si no fuera por la cooperación sería difícil tener mejores cosas de las que tenemos hoy. Lo que comemos, lo que bebemos o utilizamos, es el resultado de la aplicación consciente o inconsciente el principio de cooperación.
En la cooperación se encuentra la solución de los mayores problemas que se presentan en la actualidad en la humanidad.
Los seres humanos debemos trabajar normalmente en grupos, y la claridad en la percepción y el perfeccionamiento de la inteligencia solo pueden adquirirse por el mutuo cambio de ideas que hacen que siempre se obtengan los mejores resultados.
Cuando muchos trabajan con un fin común, la suma de estos esfuerzos es muchas veces mayor en resultados reales y prácticos, que la suma total del esfuerzo individual de todos ellos, pero sin un fin determinado.
Es una obligación considerar en todo lo que hagamos el factor de la cooperación. Debemos trabajar no solo como unidades, sino agrupados. Esto lo vemos en nuestra historia, la cual es una sucesión de odios, perjuicios, sospechas, desacuerdos, bloqueos, y hasta asesinatos que nos han conducido a revoluciones y como consecuencia, a la miseria provocada por unos cuantos que solo ven por sí mismos. Lo vemos en el mundo político y hasta empresarial.
Ya no es tanto sabiduría lo que los jóvenes necesitan, sino algo que vitalice su espíritu, que inspire lealtad a la confianza depositada, a una concentración de energías para actuar en todo momento. Necesitamos terminar con la incapacidad para actuar con independencia, la estupidez moral, con la flaqueza mental y la falta de voluntad para el esfuerzo espontáneo.
La pobreza, muchas veces voluntaria, tiene pocos encantos y a nadie recomiendan los harapos. Ni son lobos rapaces todos los patrones ni virtuosos todos los pobres. Es de reconocerse aquel que trabaja igual frente al patrón que a sus espaldas, sabiendo reconocer que dentro de nosotros mismos se encuentran el triunfo y la derrota. Es esencial tener confianza en nosotros mismos, así como programar en nuestros cerebros, que podemos hacer tanto como los demás. No demos oídos a quienes afirman que faltan oportunidades, esperando que lleguen automáticamente con tal puntualidad como la noche o e día. Tengamos algo definido por hacer y hagámoslo.
Según Wikipedia, existen cuatro condiciones esenciales que tienden a ser necesarias para que surja un comportamiento cooperativo entre los individuos: “Una superposición de deseos; Una probabilidad de futuros encuentros con los mismos individuos; Recuerdos positivos de anteriores encuentros con estos individuos y un valor asociado con futuros resultados”.
