Por
Mario Góngora H.
“No es saludable estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma” Krishnamurti
Continuando con el tema de ser originales, de ser nosotros mismos, podemos en realidad, iniciar el cambio que nuestra sociedad necesita para lograr la paz entre nosotros y una armonía más constante en toda la sociedad.
Opongámonos a imitar las características ajenas; no nos dejemos arrastrar por los gustos y menos por los juicios de los demás. Pensemos como individuos únicos e irremplazables.
Es común que tengamos un miedo inconsciente de ser diferentes a otros. Pero es mejor poder demostrar que existe algo valioso y único dentro de nosotros mismos, que tratar de exhibir lo que no somos, aunque pensemos que es lo que los demás quieren ver en cada uno de nosotros.
Todos tenemos ideas diferentes y emociones propias que no deben avergonzarnos, y la vida es cuestión de determinación y concentración. Sin demasiado esfuerzo, es posible ser lo que nos proponemos. Somos una mezcla de lo que pensamos, de lo que hablamos, de lo que nos decimos, de nuestras ambiciones y sobre todo, de las amistades y compañías que tenemos a quienes muchas veces queremos imitar.
Debemos considerar dos aspectos, uno es nuestro contacto con la sociedad, el otro el contacto con nosotros mismos. Y es lo que hacemos en nuestra relación con las demás personas, lo que de algún modo hemos concebido en nuestro interior, en ese contacto tan importante que es con nosotros mismos. Es interesante hacer notar que nuestros pensamientos no nos dominan, por la sencilla razón de que el ser humano es el único ser viviente que puede controlar sus pensamientos y decidir en qué pensar.
En estos tiempos en que mucho se habla de “la igualdad” (social), el ideal de la libertad es muy superior. Cuando se le de importancia a la libertad con el fervor que ahora se le destina a las riquezas, el país tendrá su renacimiento. La llamada “igualdad” como la hemos visto en la vida real, fuera de los libros, doctrinas y teorías, así como en el viejo y en el nuevo socialismo todavía infectado del pasado, éste, acaba con los mejores impulsos del hombre. Acaba con las más altas aspiraciones de las personas para vigorizar la humanidad.
Lo que el hombre es y tiene en sí mismo, en su espíritu, viene siendo el factor directo e inmediato de su felicidad y de su bienestar.
La persona que se conforma en una rutina pacífica y cómoda queda rezagado detrás del individuo de aspiraciones, que por su libertad individual, florece en medio de la inquietud, de los problemas y de los retos. Se trata del amor propio y de la capacidad de cada quien; y comprender que nuestro desarrollo depende de nosotros mismos y de la calidad de nuestro esfuerzo, a pesar de sistemas, funcionarios y gobiernos corruptos.
El que es congruente con sí mismo, encontrará que los problemas y los obstáculos multiplicarán su poder combativo en lugar de decepcionarlo.
