HIGIENE MENTAL

Por
Mario Góngora H.

Todos estamos interesados en el lado científico de la salud, de las dolencias humanas, de las enfermedades. Pero normalmente olvidamos el estado mental del enfermo.

El estado emocional de un enfermo debe ser investigado con la misma profundidad que su corazón, que sus pulmones, que su sistema digestivo.

Quizá debamos saber (conforme fue publicado en Scientific American) que el ser humano es el único ser viviente que puede sobreponerse a su propia programación genética, lo que significa que si hacemos lo adecuado, no tenemos que seguir el mismo patrón de muerte o enfermedad de nuestros antepasados, ni mucho menos pagar los pecados de nuestros ancestros. La salud se gana y se conserva con una vida sencilla, con ejercicio, con una alimentación sana, con un trabajo que disfrutemos, con moderación en todo, y principalmente con la paz del alma.

Lo que el ser humano necesita para conservar o encontrar la salud es solamente encontrar un equilibrio en su vida y en su espíritu. Ningún elemento independiente, ya sea por ejemplo, el ejercicio o la alimentación, nos servirán si no nos ponemos en armonía “con nosotros mismos”. Ningún cuidado en nuestra alimentación, nos dará salud si nos faltan, agua, aire puro y el sol, por mucho que se nos pida que lo evitemos lo más posible.

Los grandes músculos y cuerpos atléticos no son prueba de salud. El ingerir grandes cantidades de proteína nos resta energía. Y cuando no nos armonizamos con todos los requisitos, a tal indisciplina le llamamos nerviosidad, estrés, y preocupaciones las que pretendemos curar con medicamentos, no con el control de nuestros sentimientos, todavía más importante que el control de nuestras emociones. Se habla del “control emocional” en lugar del “control sentimental”.

Jamás debemos olvidar, ni mucho menos los expertos en salud, los médicos, que un cuerpo enfermo, siempre tiene de común denominador una alama enferma, la que no se revelará en los rayos x, ni en los exámenes de laboratorio.

De que se tenga noticia, desde Rhazes, médico árabe del siglo IX, hasta los expertos en la mecánica cuántica de nuestros días, se conoce el valor y la influencia de la imaginación, de la mente sobre el cuerpo, aún en las enfermedades orgánicas más graves; actualmente no se toma en cuenta el potencial, en el talento o don que cada ser humano posee para utilizar la energía que se puede accesar para sanarse a sí mismo o a los demás.

Los cuerpos de los hombres dependen de sus estados de ánimo. Los pensamientos nos producirán salud o enfermedad, según sea lo que pensemos. La habilidad médica habitualmente no aprovecha al enfermo para que sane, permitiendo que el paciente acabe con su estado moral, con su calidad de pensamientos, con su falta de fe y con una
admisión de debilidad.