Por
Mario Góngora H.
Después de buscar desesperadamente aquello que más deseamos, nos damos cuenta de que no podemos alcanzarlo buscándolo caprichosamente; y de pronto, llega a nuestra vida cuando menos lo esperamos, cuando menos lo pensamos. Y lo descubrimos por la misma razón que encontramos nuestras llaves perdidas que estuvieron en nuestra mano todo el tiempo. Ya estaban ahí.
En esta vida si no tuviéramos nada por qué luchar, nada por qué preocuparnos y nada que esperar, es como si estuviéramos muertos.
Entre más busquemos la felicidad, menos la encontraremos. Si no la encontramos es porque la estamos buscando con demasiado esfuerzo. Pero la felicidad así como la infelicidad, son peligrosas si se vuelven crónicas. La depresión es una enfermedad de la imaginación y mientras más se prolonga, más nos aleja de la realidad. También, la felicidad permanente nos vuelve egoístas, ilusos, indiferentes a todo aquello que no sea nuestra realidad.
Nuestra fe y nuestra esperanza nunca son tan intensas como cuando nos encontramos en alguna gran dificultad. Las preocupaciones son temores y casi nunca están realmente conectadas a los hechos.
El mejor momento para rechazar una preocupación es en el instante en que entra a nuestro cerebro y no cuando ya se ha establecido ahí.
Cuando pensemos que ya hemos llegado a tomar alguna decisión, no permitamos que la duda nos robe las energías que necesitamos para ponerla en acción. Aún si estuviéramos equivocados, sería mejor que el efecto nocivo de la duda, del miedo y del arrepentimiento.
Muchas veces muchos de los grandes problemas y de las grandes adversidades son meras creaciones de nuestra imaginación, de nuestra ignorancia y de nuestros miedos.
Cuando no nos llega lo que más deseamos, y conociendo la naturaleza humana, nunca faltan ciertos momentos en la vida en que sentimos que esta pierde su encanto, pero tenemos que recordar que los temores y preocupaciones no pueden cambiar las cosas a nuestro favor. Si cualquiera de nosotros pensamos que la suerte está en nuestra contra, eso nos quitará gran parte de nuestra capacidad productiva y creadora.
Para obtener lo que más deseamos, usemos el optimismo, que nos abre la fe, nos hace ver al mundo mejor y que lo que pudieran ser pérdidas, se transforman en ganancias, manteniéndonos tranquilos y sintiéndonos con bienestar.
Casi toda situación en la vida, por mala que parezca, puede mejorarse con constancia, con trabajo y con fe. Lo mejor que hay en el ser humano es su capacidad para el optimismo, y su capacidad también de controlar sus pensamientos. La vida nunca debe ser considerada como un problema sin solución, sino como una serie de situaciones concretas.
