Por
Mario Góngora H.
“El apego implica el miedo a la pérdida, mientras el desapego implica confiar en nuestras potencialidades y encontrar el camino a la felicidad” (Pensamiento budista).
Quizá una de las cosas más difícil de lograr para el ser humano es dejar atrás mucho por lo que ha trabajado pero que en realidad no le sirve de gran cosa. Nadie al morir, se lleva las cosas materiales con las que fue engañado pensando que “tenerlo todo” le traería la felicidad.
Para aprender a ser grandes, no solo se trata de aprender cómo serlo, sino también se tiene que aprender a ser generosos. Si estamos de alguna forma “sobre” otras personas, se vuelve necesario tener algo de generosidad y desinterés al desprendernos de algunas de nuestras más preciadas posesiones. Compartir lo que tenemos con los demás bien pudiera ser lo mejor que pudiéramos hacer por nosotros mismos. Y no se trata solo de compartir dinero y cosas materiales, sino también podemos pensar en la comprensión, en el conocimiento; en el apoyo moral, en las palabras de ánimo y sobre todo en lo más difícil, el amor incondicional.
En realidad, algo que nos hace fuertes es tener alguien a quien proteger y cuidar. Es mejor olvidar los favores que hemos hecho y solo recordar los que hemos recibido.
Una forma de trascender es empezar a pagar la deuda que tenemos con nuestros padres y con nuestra sociedad, regresando lo que han hecho por nosotros cuando éramos incapaces de valernos por nosotros mismos. El hombre envuelto en sí mismo es solo un pequeño bulto. El desprendimiento, el desapego, es un hábito que vale la pena tener.
Toda acción de desprendimiento produce buenos frutos y en cada uno de ellos también hay semillas que a su vez producen frutos y semillas. La felicidad está en dar y el que da, recibe. Si damos palabras de aliento, nos llegará la ayuda moral necesaria en los tiempos que más la necesitemos. Si infundimos esperanza y valor a aquellos agobiados por el sufrimiento y la enfermedad, nunca caminaremos solos. Hasta el dinero se multiplica en aquellos que lo comparten prudentemente. La bondad con el desdichado y nuestra capacidad de vivir con nuestras propias desdichas vale oro. Dar sin esperar nada es la mejor forma de dar.
Es cierto que dar a los demás antes de pensar en nosotros es una de las mejores formas de separarnos de nuestro “yo”, de desprendernos de toda aquella posesión material o inmaterial que tanto nos daña al final de cuentas. Nunca olvidemos que la bondad humana no está incluida en los programas de caridad organizada, ni mucho menos en los programas políticos o de gobierno.
Gozar de la vida significa algo especial si aceptamos la vida como un fruto que hay que comer y no que guardar. Será difícil de creer que es mejor tener poco dinero y gastarlo y compartirlo generosamente, que ser un millonario dominado por la avaricia y la codicia. Afortunados aquellos que pueden hacer con la poca o mucha fortuna que tengan, el mayor bien posible.
