PAZ EN EL ALMA


Por

Mario Góngora H.

Es cierto eso que se afirma de “dar para recibir”. Solo que hay que dar y entregar sin esperar absolutamente nada  en retorno, ese es el secreto.

Sí, puede tomarnos algún tiempo comprender esta verdad. Todo lo que damos nos es devuelto con creces un día u otro en diversas formas, principalmente en lo que necesitamos no lo que queremos. Lo más valioso que recibimos, es esa paz en el alma que todos, tarde o temprano buscamos.

Si solo alentamos al prójimo, sentimos aliento nosotros mismos. Si intentamos enseñar a alguien, los que más aprendemos somos nosotros mismos.

Muchos de los que se dedican a obras benéficas, al auxiliar al prójimo, consiguen mayor paz para su alma que la que ellos mismos llevaron al necesitado. Pero un efecto secundario es que nos acrecienta el placer de vivir; nos aumenta la conciencia así como la de nuestros semejantes. La constante afirmación de que la vida es dura, o peor aún, que nos encontramos en un “valle de lágrimas”, es meramente la afirmación delos pesimistas y no debe conmovernos ni debemos creerlo. Lo que nos trae paz en el alma es precisamente ver el mejor lado de la vida.

¿Paz en el alma? Alentemos ideales elevados, poner un poco de poesía (armonía) a nuestra vida. Ni siquiera se trata de qué tanto conseguimos materialmente, sino más bien, el cómo vemos y sentimos las aspiraciones que tenemos. Si solo pensamos en el hoy “porque es todo con lo que contamos”, es un error, pues nos falta el mañana en nuestro corazón; es que nos domina el miedo, la duda en nosotros mismos nos ciega, sospechamos de todos y de todo, quizá porque somos vanidosos y ya no creemos en nadie. Sin el “mañana” no  existiría la esperanza.

No sé si todos nos hemos dado cuenta que vivimos  en una de las épocas más interesantes de la historia humana. Lo que sentimos y observamos no es el fin de los tiempos, no es de una civilización que se derrumba, sino más bien de un mundo y una sociedad en ebullición, pugnando en tener formas más dignas y nobles de vida.

Existen cosas inmutables y las seguirá habiendo  mientras exista la humanidad. Siempre existirán el bien y el mal, y si todos nos concentramos en el bien, algunos lo lograremos y otros no, pero siempre lograremos en ello contar con paz en el alma.

Las injusticias  no pueden ser eternas, pues la honradez no muere, los seres humanos tenemos conciencia de la equidad y por tal motivo dichas injusticias no pueden ser eternas. Toda fruta mala al final tendrá que podrirse y caer.

La vida tiene un valor propio y el mundo es un buen lugar para vivir. Dejémonos llevar por  la fe que tenemos en el mundo y en la humanidad. La paz en el alma se obtiene buscando todo lo bueno  en todo lo que nos rodea.