Por
Mario Góngora H.
Es nuestro desmedido amor por el dinero lo que nos ha convertido en una sociedad cobarde, y lo peor es que nuestro deseo por lo fácil, por lo que no nos cuesta trabajo, se incrementa cada vez más en nuestra sociedad.
Se dice que nos encontramos en una de las peores crisis por las que ha pasado el país, tanto en lo económico, así como en lo social, y si queremos ser congruentes con los ciclos de la vida y sobrevivir lo que venga, no se trata de ver si las condiciones son favorables o no, sino que a pesar de las circunstancias, por adversas que parezcan, salir adelante. Tenemos que considerar que los peces muertos son arrastrados río abajo, y que solo los fuertes pueden nadar contra la corriente. Aquel que nunca ha fracasado es porque el destino nunca lo ha juzgado capaz para confiarle un acto de valor.
Cuando alguien se puede conservar sereno y tranquilo ante las derrotas y los desastres, significa que la fortuna lo ha juzgado suficiente hombre para recibir el reto.
Un requisito para estos tiempos, es aprender a tomar los aciertos y los fracasos con igual ánimo. En este mundo hay de todo, y la realidad es que para ser este “un valle de lágrimas”, la vida no es un desastre, a menos que esperemos todo de los demás, sin nosotros aportar algo.
Nuestros temores son solo pesadillas de lo que pensamos que “puede venir”. Imágenes negativas que soñamos despiertos. Son algo así como parálisis espirituales que nos hacen ver y sentir todo lo negativo. Que nos hacen ver y escuchar los relámpagos cuando frente a nosotros está el arco iris. Y al igual que enfrentarnos a un adversario humano, el hacerle frente a los temores es hacerlos retroceder. El que se esconde por el temor, puede ser aniquilado en su mismo escondite. Esto no implica no temer a nada, sino poder enfrentar un hecho riesgoso o peligroso a pesar del temor o del miedo. Se vale tener miedo sin ser cobarde y se es cobarde cuando nos rendimos ante nuestros temores.
Y dada las crisis de hoy en día, el río está revuelto, y algunos “pescadores” lo hacen todo con tal de obtener el poder. Por un lado, con las leyes, más que defender la seguridad pública, promueven los comportamientos inmorales, como, la impunidad. No se preocupan de lo que se debe hacer, sino de autorizar lo que se hace. Estamos en una sociedad permisiva. Por respeto a la libertad o los derechos humanos, tenemos incontables maleantes operando a su antojo. Y luego están los que bajo el escudo de ser “teólogos” siembran el odio entre la humanidad exhortando a la “utilización del marxismo” (lucha de clases); donde “entre cristianismo y revolución, no hay contradicción”, quienes inclusive culpan a “la iglesia” por la crisis ecológica del mundo. Tal es el caso de Leonardo Boff, quien circula como héroe eco-sociólogo en anexos por Internet. Tales “pescadores” no deben tener ganancia alguna en este río revuelto por el que atraviesa el país. La pesca generalmente es mejor en el agua turbia que en la clara, tal vez porque cuando el agua está turbia, los peces no ven los peligros que corren y caen más fácilmente en ellos…
