Por
Mario Góngora H.
“El que ha estudiado algo y no pone en práctica sus conocimientos, es como el campesino que solo ara la tierra sin sembrarla”.
Utilizar lo aprendido en ocasiones no es fácil. En algunos casos, recién graduados, nos enfrentamos a problemas y situaciones que jamás fueron contemplados durante nuestros estudios.
Sin embargo, un propósito de estudiar una carrera es el darle al estudiante una perspectiva más amplia de la vida, no únicamente cómo ganar dinero. También debe contemplar el cómo vivir, algo indispensable en estos tiempos tormentosos en los que el dios dinero lo es todo.
Quizá la educación debiera estar fuertemente orientada a integrar la vida de los estudiantes alrededor de los ideales correctos y proporcionar los conocimientos para lograrlo.
Epicleto alguna vez mencionó “hay que recordar que en cada fiesta hay dos invitados a quienes agasajar, el cuerpo y el alma, que lo que se da al cuerpo, pronto se pierde, pero lo que se da al alma permanece siempre”.
Una de las principales razones por las que debemos estudiar y aplicar nuestros conocimientos es porque el saber nos da fuerza; normalmente el pensamiento puede ser convertido en acción, sin embargo, la ignorancia es debilidad porque carecemos de verdadero propósito y poca acción puede derivarse de ella.
La educación tal como nos demuestra ser el día de hoy, podrá en contadas ocasiones generar personas doctas, pero no mejores hombres. Y esta falla, aunada a el desinterés de algunos padres de familia por sus hijos, ha llegado a ser la fórmula perfecta para una sociedad cuyo principal común denominador es el egoísmo, el pensar solo en sí mismos; a sentirse con el derecho y la autoridad para violar todas y cada una de las leyes, para retar a las autoridades y a cualquier ciudadano que se les atraviese.
Pienso que nos hemos olvidado en las llamadas “ciencias prácticas” como las relacionadas con la moral, que son las que ayudan a regular nuestras acciones a través de nuestra voluntad.
Los estudios que necesitamos poner en práctica, son los relacionados con la formación del carácter del individuo, la confianza en sí mismos, el entusiasmo y las más altas aspiraciones del alma, considerando que nuestro ‘yo’ lo vamos creando constantemente durante la vida. Que dicho ‘yo’ sea grande o chico, con bajos o grandes ideales, dependerá de los intereses que cada quien vaya sembrando, de sus pensamientos. ¿Y cuántas veces no son estos influenciados por un buen o mal maestro?
Los mejores maestros son los que además de transmitir la información relacionada con su materia, inspiran ideales relacionados con los Principios Universales, y de estos quedan ya muy pocos.
