LA MODESTIA

Por
Mario Góngora H.

En la España medieval, los caballeros “eran en sus fazañas, largos para facellas, y cortos para cantallas…”.

No es fácil encontrar un hombre de verdadero mérito que al mismo tiempo sea modesto.
La modestia acredita nuestras acciones y le da peso a nuestras palabras, teniendo la ventaja que frena las envidias de los demás. Quien hace grandes obras no puede perder el tiempo en estar hablando de ellas (salvo nuestros políticos, claro).

La verdad es que todo aquel que sobresale en hacer cosas buenas y no es presa de la vanidad, no puede evitar que tarde o temprano la sociedad reconozca sus cualidades, aún cuando se presente como una persona débil. Por otro lado, alguien mencionó que “la vanidad es el orgullo de los débiles y la modestia es el pudor del espíritu”. La fama y el prestigio deben ser llevados con humildad para que nuestros logros cumplan con el propósito de que aún en forma limitada, puedan ser de beneficio para la sociedad.

En realidad, una persona es mejor juzgada cuando se sustrae a las alabanzas, y prefiere no tenerlas. Son cosas muy distintas parecer una persona importante que serlo. El juicio de igualdad se basa en que no existe hombre listo que no reconozca ser tonto, y no hay hombre grande que no se crea pequeño. Este es el equilibrio del espíritu.

Hablando de políticos, Aristóteles decía “el soberbio se eleva a los sumos honores, sin solidez de juicio y de virtud; por consiguiente, mientras más alto sube, más ruidosamente se precipita y en su ruina envuelve la de la República”.

Parte de la definición de modestia nos dice que “un individuo modesto es el que no hace gala de sus bienes o facultades, esta virtud es la consideración de no lastimar al prójimo con un desplante que pueda causarle daño”.

Considerada una gran virtud, la modestia es esa cualidad del carácter de una persona que le hace restar importancia a sus propias virtudes y logros y lo más difícil, reconocer sus defectos y errores.

Vernos o sentirnos perfectos es quizá un importante signo de nuestra falta de modestia. Y es importante hacer notar que el reconocer nuestras limitaciones e imperfecciones, nos brinda una gran tranquilidad y felicidad, pues llegamos a la conclusión de que no tenemos que probarles a los demás lo que no somos, ni que tenemos lo que no tenemos.

La virtud de la modestia se torna más importante y necesaria en los tiempos actuales, ya que en ella están implícitas la honestidad, y la decencia en acciones y palabras.