¿QUIÉN NOS GOBIERNA?

Por
Mario Góngora H.

El país ya no es gobernado por la razón ni por la buena voluntad de la mayoría de los políticos. Ahora, los temores ya no son infundados y las fobias que se nos han impuesto relativas a los negocios, a la familia y hasta la vida, nos han robado la libertad no únicamente para vivir con tranquilidad, sino también para pensar y para emprender cosas nuevas y buenas. Hemos tenido que desarrollar nuevos hábitos y nuestra conducta ha cambiado, lo aceptemos o no.

La verdad, es que somos más los que deseamos una vida de trabajo, pacífica y estimulante, que los que nos tienen en un caos, temerosos y nerviosos; y las promesas de los candidatos de que ellos solucionarán la violencia actual tan pronto tomen posesión, nos ponen más nerviosos todavía. Siendo una promesa igual que la otra, funcionará igual, producirá iguales resultados y los ciudadanos seguiremos estando expuestos a iguales peligros. El mérito de algún candidato no tenemos que juzgarlo solo por las buenas cualidades que dice tener, sino por lo que ha demostrado que puede lograr con dichas cualidades. Nadie es realmente conocido hasta que ha sido puesto a prueba.

Las playas de la política están sembradas con los despojos de individuos, quizá de gran habilidad, pero que les faltó el valor, la fe, la tenacidad y sobre todo la honestidad para gobernar a un pueblo sediento y hambriento de que alguien haga las cosas bien., que no engañe y que no robe.

Nuestro estado, ya no tiene complacencia para los políticos basados en promesas, excepto por aquellos que en la adulación continúan buscando el tradicional “hueso” para sí o para algún familiar. Ya no nos hacen tontos a todos todo el tiempo.

Quien nos gobierne deberá autoanalizarse y descubrir que, como en todo ser humano, existimos dos individuos: el que somos y el que deberíamos ser. ¿Cuál de los dos seremos al morir? Y esto me recuerda un viejo poema cuyo autor desconozco:

“Asomándome dentro de mi mismo, puede ver otro yo, que sereno y confiado pasaba triunfante ante la multitud. Le toqué un brazo; él me sonrió; aquel era el hombre que yo había querido ser…reconocí que él triunfó donde yo fracasé, avanzó con paso firme en donde yo tropecé; encontró la vida buena en donde la sentí amarga yo; aquel era el hombre que yo quise ser. No hablamos, pero en sus ojos leí la voluntad que lo encumbró, el valor que en un tiempo fue mío; esa visión me convenció de que no es tarde aún para vencer. ¡Él es aún el hombre que yo quiero ser!”.

Ojalá que quien nos gobierne próximamente realice un compromiso consigo mismo, ya no tanto con la ciudadanía, de ser ese gobernante honesto pero sobre todo honrado, justo y capaz en su mandato, pero incapaz de premiar a costa del pueblo, a todos los aduladores que por interés personal lo “ayudaron” en su campaña. Debe ser sensible, anteponiendo el interés de los ciudadanos al interés de su partido. Ojalá y encuentren los candidatos ese otro “yo” dentro de sí mismos.