Por Mario Góngora H.
Hace tres domingos escuchaba en un programa sobre ciencia en la estación de radio de “IMAGEN” que transmite a nivel nacional, la postura “científica” sobre el aborto. Se afirmaba que los que estamos a favor de la vida deberíamos dejar los fanatismos religiosos para comprender que el bebé antes de nacer todavía no es un ser humano.
Defender la vida no es cuestión religiosa; tiene bases científicas. Y también tiene que ver con el respeto a los valores que los humanos debemos tener precisamente hacia nuestra propia especie.
Es cuestión científica el hecho que cuando el óvulo y el espermatozoide se unen, una vida, que no es ni de insecto, ni de reptil, ni de arácnido, se forma. La vida humana no es un espermatozoide o un óvulo por separado. Científicamente, desde el mismo momento de la concepción o fecundación, esa nueva célula contiene todo el mapa genético con toda la complejidad de un ser humano. Contiene el sexo, el color del pelo, su altura, su color de piel y todo lo demás. Tal embrión puede ser identificado como humano por cualquier geneticista, teniendo al lado, otro de chimpancé o de gorila. El bebé en gestación no es solamente una posibilidad de una persona. Por toda su estructura y composición genética y física, ya es un ser humano.
Algo que no es humano, no se convierte en humano por arte de magia, por el solo hecho de su edad o de su tamaño. Todo ser humano, fue un ser humano desde su concepción. Nada ni nadie se convierte en persona si no lo era desde su inicio. La misma lógica nos lo comprueba. Nada ni nadie se convierte en algo diferente de lo que ya es. Aún el gusano que se torna en mariposa, genéticamente es el mismo. La genética nos enseña que lo que fuimos desde el principio y lo que somos en este momento en cada una de nuestras células, nos predetermina como humanos y no como anfibios o extraterrestres. Lo que hace que un perro sea un perro, es que proviene de perros. Lo que nos hace humanos es que provenimos de humanos.
Un ser humano según la lógica (y no los fanatismos religiosos), sin importar su tamaño, habilidades o inteligencia, es un ser humano siempre. Alguien no es más ser humano por estar más alto o fuerte que otro. Alguien que adelgaza 50 kg. no es 50 kilos menos humano que antes.
¿Un bebé que no razona como adulto antes de nacer lo hace menos humano? ¿Deja de ser humana una persona inconsciente por accidente o enfermedad, por el hecho de no razonar como antes? Ni el tamaño, ni el peso, ni nuestras habilidades, ni nuestra inteligencia, nos convierten en más ni en menos humanos.
El aborto, la eutanasia, los matrimonios homosexuales—son todas propuestas de la izquierda. Luego nos preocupamos por la cantidad de asesinatos en el país y en nuestro Estado. ¿Esperamos menos cuando no respetamos ni la vida de los bebés?
