Por Mario Góngora H.
Despacio que voy de prisa, dice el dicho. La razón por la que una gran parte de nuestros proyectos fracasan es que no están basados en la razón. Queremos empezar al final en lugar de al principio.
Tener el valor y la paciencia para iniciar algo desde el principio es un requisito para tener éxito. Es mejor empezar con poco y luego hacer valer pacientemente ese poco. Si hasta hoy tenemos lo que no obtuvimos ayer, seguramente es porque hasta hoy hemos hecho lo necesario para lograrlo. El mérito está en hacer, no en prometer. Los cuentos de los grandes proyectos de millones de pesos nunca se dan a menos que estén respaldados por otros tantos millones.
La paciencia para iniciar cosas modestas y luego ir creciendo de acuerdo a nuestra capacidad y recursos nos dará eventualmente la fortuna que merecemos. Algunos piensan que tienen grandes aspiraciones por pensar “en grande”, a futuro. Una hora de acción bien pensada vale más que toda una vida de sueños y promesas sin acción. Quizá uno de los secretos para la felicidad es no desear el tener de inmediato lo que sabemos imposible de obtener en este momento. Es mejor caminar que correr para llegar y así ir consiguiendo poco a poco las cosas para una vez obtenidas, intentar lograr algo más. A veces es muy difícil calcular las cosas a muy largo plazo y si lo hacemos, lo único que provoca es frustración. Con frecuencia vemos a personas que llegan a excelentes puestos o que obtuvieron buenos resultados en los negocios casi sin esperarlo, producto quizá de amigos e influencia, pero es raro saber de alguien que alcanzó su meta impuesta muchos años atrás. El que no espera encontrar su fortuna a la vuelta de la esquina es quien probablemente la encuentre más rápido.
En nuestra sociedad todos podemos ser muy adaptables y muchos podemos hacer bien muchas cosas, esto es, si realmente queremos. Cada uno podemos hacer al menos una cosa mejor que los demás. Muchas veces la única dificultad es saber con cual de nuestros talentos podemos sobresalir.
Lo único que nos puede frenar si lo permitimos, es dejarnos influir por las palabras negativos de algunos cuando ven nuestros grandes esfuerzos. Y lo único criticable sería no ambicionar algo con suficiente fuerza para tener que luchar por ello. Siempre funciona desear algo sencillo y luego no descansar hasta lograrlo. Ser pacientes es la clave. Es bueno no desear demasiado, pero lo que deseamos, hay que buscarlo con tenacidad.
En cuanto a paciencia vale el adagio ”más vale burro que nos lleve que caballo que nos tire…” Todos tenemos grandes talentos y grandes limitaciones, pero la ambición y no la codicia, es la que nos dará el éxito.
¿Y la suerte? Toda la suerte y toda la ayuda espontánea que tengamos no hacen mas que darnos la oportunidad de mostrar nuestras capacidades. La suerte existe, pero pocos son los agraciados. Jamás debemos confiar solo en ella. El verdadero éxito no se consigue de un día para otro, sino es la acumulación de pacientes esfuerzos bien dirigidos.
