EL MIEDO

Por
Mario Góngora H.

Alguien mencionaba alguna vez que el pesimismo es el miedo elevado a filosofía. Y es que la mayoría de las personas descubren un gozo macabro en todo lo triste y hasta en todo lo violento. Frecuentemente se torturan el corazón con penas imaginarias.

La realidad es que muchas personas piensan que no hay en este mundo quien haya sufrido más que ellas. A todo esto contribuyen las noticias en los periódicos, revistas y televisión, que principalmente se hacen cargo de engrandecer lo triste, lo trágico y lo escandaloso. Y esto ha llegado a tal nivel, que un gran porcentaje de la población se gusta y se deleita de leer las noticias que más sangre y maldad contengan. El público busca aquello que sea violento, escandaloso, milagroso o sobrenatural.

En estos tiempos, el ciudadano lleva consigo el miedo, a un grado de sospechar de todo mundo. Y lo más triste, es que a lo único que realmente debemos temer es al miedo mismo.
Quizá debamos todos considerar que lo que le sucede al país actualmente es en verdad, solo algo pasajero. La historia del mundo así nos lo asegura y así nos lo ha demostrado. ¿y qué tan rápido podremos ver este cambio?. Creo que la respuesta está en qué tan rápido deseemos cambiar cada uno de nosotros. Desde los que simplemente nos dedicamos a trabajar, hasta los que viven de nuestro trabajo por medio de la extorsión, el robo, y el secuestro. Hasta que cada malviviente, cada delincuente, de pronto considere que su vida corre tanto peligro como la que hemos corrido sus víctimas. Cuando se de cuenta que en cada asalto, robo y extorsión, corre también peligro de muerte. Hasta que ellos también compartan nuestro miedo.

Con lo que todos podemos empezar, es iniciando cada día con alegría en el corazón y plena confianza en el futuro. Que un día soleado sea más brillante con nuestro optimismo, y que un día nublado se vea iluminado con nuestra fe.

Si vemos las cosas a través de un cristal sucio y distorsionado, así será nuestro destino. Y si las vemos a través de un cristal limpio, y lo dirigimos hacia cosas buenas, el optimismo prevalecerá.

Es interesante notar que los males que nos aquejan casi nunca son inevitables, sino provocados por nuestras actitudes mentales, pues el pensamiento es una forma de energía, la cual debe ser aprovechada en desarrollar una voluntad o una fe firme que nos lleve hacia lo deseado.

El miedo “útil” lo podemos asociar a la prudencia, y nos permite reconocer aquellas situaciones que pondrían en peligro nuestra propia integridad. Y lo podemos modular para que no contribuya a un pesimismo crónico, y sobre todo, para utilizarlo a nuestro favor cuando la ocasión así lo amerite, pues de un miedo controlado nace el valor.