Por Mario Góngora H.
El valor es la resistencia al miedo; es el domino del miedo pudiendo actuar a pesar de él, porque consideramos que hay algo más importante, más allá de todo temor. Es defender lo que sabemos que es correcto, a pesar de las consecuencias. Tomar una postura definida con lo que nuestra intuición y conciencia nos dicen que está bien, es tener valor.
La contraparte de ser valerosos es la cobardía, que es la que apaga nuestro espíritu, pues en nuestra relación con el mundo todos los problemas se dividen en dos partes: lo que podemos solucionar y aquello que al estar fuera de nuestro dominio, nos es imposible hacer algo al respecto. Existen cosas que definitivamente no podemos solucionar…o al menos eso pensamos. David pudo vencer a Goliat el gigante guerrero, a pesar de que él, David, era solo un pastor. Combatió a su formidable enemigo con una onda y una piedra, arma que conocía bien, por muy despreciable e inútil que pareciera.
El tener valor nos enseña a defender todo aquello que vale la pena, a pesar del riesgo, pues la fortaleza interior guiada por una conciencia recta nos puede llevar más allá de lo que imaginamos. El hombre de corazón valiente usa las armas que tiene y triunfa. No necesita de las armas de los poderosos. No necesita ni de la armadura ni de la espada de un Goliat para poder vencerlo. Lo que realmente cuenta no son ni la adversidad ni las calamidades a las que hemos estado expuestos, sino qué hemos hecho cada uno para combatirlas.
No es ninguna desgracia intentar algo varias veces y fracasar. Lo que sí lo es, es permanecer caídos y qué tan duro nos esforzamos para solucionar los problemas a los que nos enfrentamos. Es importante poder decir que al menos lo intentamos y no nos mantuvimos solo a la expectativa.
Cada amanecer es una nueva oportunidad para hacer las cosas bien. Podemos iniciar el día haciendo algo bueno y mejor; probando cosas nuevas, reconociendo los fracasos que hemos tenido pero teniendo el valor de reconocerlos y aprender de ellos.
Decir que no podemos solucionar los problemas que tiene nuestra sociedad es una cobardía, pero peor es decir que no queremos hacerlo. Eso es traicionarnos a nosotros mismos, a nuestra familia y a la patria. Quizá la más dura lucha a la que nos enfrentamos es a la de nuestro propio desaliento.
El tener valentía es uno de los valores universales que nos enseña a defender lo que vale la pena, y el mundo sabrá reconocer al hombre que se atreve a luchar por lo que es correcto. La fortaleza espiritual conducida por una conciencia recta nos puede llevar más lejos de lo que podemos imaginar. Pero tener valor no es fácil, pues significa afrontar las consecuencias, la muerte inclusive, pero es la diferencia entre hundirse o seguir nadando.
Para tener valor solamente es necesario tener una voluntad firme y convencimiento de lo correcto de nuestras acciones. Volver la vista hacia la luz y cumpliendo nuestra misión como hombres entre los hombres es el camino. La valentía hace que las personas ordinarias puedan obtener resultados extraordinarios.
