LO QUE LA NACIÓN NECESITA

Por
Mario Góngora H.
Lo que el país necesita no son abundantes depósitos de petróleo, ni más recursos naturales. Lo que necesita, son hombres que gusten de su trabajo, que tengan dignidad, con gobernantes que los dirijan sin despotismo ni autoritarismo.

Las ciudades, los pueblos, no los constituyen los materiales de los que están construidos, sino las personas que viven en cada lugar, gentes que gustan de vivir en concordia y en paz.

Lo que más necesita cultivo en nuestro país, no son las tierras improductivas, sino las almas de sus ciudadanos. Es menos malo el desierto sin lluvia, que las tierras cubiertas de plantas secas y de cizaña.

Las cosas tal como están, las desigualdades, la violencia y el egoísmo por cada rincón del país, no conducen a nadie, ni a ricos ni a pobres a la felicidad.

Mientas que los habitantes de esta nación no acaben con sus pugnas, mientras quieran todo para sí mismos con lujos extravagantes, seguirán con un falso orgullo que ofusca su razón.
Lo que la nación necesita es gente que no haga ruido, que sea trabajadora, que produzca.

El país no necesita mucho más dinero; lo que necesita es que sepa hacerlo valer, aumentando su crédito, nivelando su producción y su consumo; que despierte la confianza para la inversión, tanto nacional como extrajera. Que sepa que el dinero no es riqueza, sino simplemente un equivalente temporal de la misma. Es solo un artículo de cambio en el comercio y en la industria. Que caiga en cuenta que el valor del dinero depende en gran parte de la fe que se le tiene. El dinero es una bendición para el que sabe usarlo y una maldición para el codicioso.

Aunque nuestra actual cultura nos dice que el éxito consiste en el dinero, no es difícil encontrar ricos, sobre todo políticos, que no valen nada: que no tienen salud, ni tranquilidad, ni amor, ni saben disfrutar del dinero que tanto añoran. Tampoco encuentran valor en sí mismos.

Si esta nación estuviera llena de gente que disfruta de paz interior, de salud, de amistades; que tiene tiempo para pensar, para soñar y para ser de utilidad el prójimo, en el país habría paz y desarrollo. Las virtudes morales no se adquieren con dinero. “¿Quieres ser rico? Disminuye tu codicia”.

Para ser una nación realmente fuerte, necesitamos que abunde en ella todo lo bueno por obra de la paz, del trabajo y del ahorro.