CALMA

Por Mario Góngora H.
A menos calma en nuestras actividades, mayor proporción de estrés en nuestra mente y en nuestro cuerpo. Y el estrés deprime nuestro sistema inmunológico, propiciando todo tipo de enfermedades.

Desafortunadamente son tantas las cosas que tenemos que hacer, tantos los compromisos que nos es difícil tener calma.

Tenemos que aprender a ir y vivir más despacio. Casi todo automóvil que se accidentó, probablemente iba más rápido de lo que debía. Y así, una gran parte de la infelicidad en el mundo se debe al fracaso de proyectos que no estaban basados en la razón ni en los tiempos posibles para lograrlos. Cuando un aprendiz de carpintero le preguntó al maestro cómo le hacía para no desperdiciar madera, éste le contesto: “medir dos veces y cortar una sola vez”. Ahora se dice en las maquilas “hacerlo bien la primera vez”.

Teniendo calma, además de pensar mejor y estar más sanos, nos lleva a ser, no a aparentar. A hacer, no a prometer. Un esfuerzo ciego, rápido y desesperado nos lleva a hacer cosas absurdas y sin buenos resultados.

En estos tiempos se maneja que tenemos que aspirar a mucho para lograr al menos algo que valga la pena. Pero este deseo por cosas muy distantes nos lleva a intentar cosas ilógicas. La realidad es que más vale una hora de acción bien pensada, bien meditada, que una vida llena de sueños sin acción, o con acciones desesperadas. Quizá una de las mejores reglas para no sufrir decepciones es no anhelar lo que no podemos tener de momento. Ni el apresuramiento ni al apasionamiento ilógico, nos traen buenos resultados.

Volar despacio y bajo, pero llegar, es el objetivo. Conseguir lo que está a la mano y una vez conseguido, tratar de alcanzar algo más distante.

Al respecto de la calma existen muchos dichos, como “a mucho viento, poca vela”, o “despacio que voy de prisa…” El que no espera la fortuna a la vuelta de la esquina, es quien la encuentra mas frecuentemente. Triunfamos no por nuestro tamaño, sino por ser y hacer lo mejor posible dentro de nuestra esfera. Tenemos que conocernos a nosotros mismos. Unos pueden tener habilidades para hacer los cimientos, y otros más, para construir sobre los cimientos que los otros hacen. Recordemos que los edificios que más duran son los que se construyen de los cimientos para arriba, y no de las nubes para abajo.

Se necesita calma para el verdadero éxito, pues no puede conseguirse de la noche a la mañana, sino es el resultado de una acumulación de pacientes esfuerzos bien dirigidos. No se necesita mucha inteligencia para lograr las cosas, sino que el éxito en lo que sea, es la tenacidad para aferrarnos a nuestros proyectos, por modestos que estos sean.

A la larga y con calma, prosperan mejor las personas de capacidad limitada pero con la reputación de tenaces y sobre todo íntegros, que los de gran capacidad, pero volubles, engreídos y sin escrúpulos. La mejor recompensa es para el que lucha mejor y que aguanta más.