El DESEO

Por
Mario Góngora H.

Todos podemos conseguir lo que queremos y deseamos, pues lo que realmente vale es el deseo. Todo lo demás sale sobrando.

Todos podemos tener prácticamente lo que queramos. Si alguien quiere ser millonario, y lo desea suficientemente, lo será. Si quiere mejor casa y mejor automóvil, o una mejor carrera, los tendrá. Le tomará algún tiempo lograrlo, pero lo conseguirá, siempre y cuando el deseo esté en proporción con el fin perseguido y si no le falta perseverancia y determinación.

Cuando llegamos a tirar al blanco, tenemos que concentrar toda nuestra atención para evitar que el arma se mueva. Hasta la respiración detenemos al dispararla, porque aún el acto de respirar puede mover el rifle bastante para hacernos perder la puntería. Una concentración igual, es la que se requiere para triunfar. El que tiene la voluntad firme, consigue, tarde o temprano lo que se propone. Es imposible que el que tiene ideas de a centavo logre proyectos de a peso.

Si durante cada minuto del día no estamos interesados en algo, tendremos aburrimiento. Pero si uno tiene proyectos que realizar, en esos minutos, si se aprovechan adecuadamente, generamos progreso. No funciona el desear y esperar con los brazos cruzados. Si otros tienen lo que a nosotros nos falta, no hay razón alguna para que nosotros no las tengamos, excepto el no hacer el esfuerzo necesario.

Nunca es conveniente esperar a que ocurra lo inesperado. Tenemos que saber lo que queremos y entonces buscarlo hasta encontrarlo. Si no es exagerado lo que pedimos, y estamos dentro de lo razonable, lo obtendremos sin lugar a dudas.. De lo único que tenemos que cuidarnos es que nuestras ambiciones estén fuera de proporción de nuestros actos.

Las esperanzas irrealizables y los sueños irracionales no estimulan nuestro espíritu. Lo que nos hace bien es la realidad y ahora mismo. No importa tanto dónde empezamos, sino a dónde nos proponemos llegar.

En el mundo existe un lugar de preferencia para cada ser humano, todos con iguales posibilidades de alcanzar el éxito. Debemos buscar el nuestro, pues el éxito humano se basa en la habilidad de gozar, de trabajar y de intentar lo que otros no han intentado. Todo depende del espíritu de cada quien. El espíritu inconquistable es el que da la victoria; y el que posee tal espíritu todo lo logra. La fe más sublime, es la fe en nosotros mismos.

Estudiar, trabajar y pensar es la mejor educación. Con el trabajo desarrollamos nuestra mente y nuestro cuerpo, así como también tonificamos el alma. Aprendemos a administrarnos y a proyectar y ejecutar lo que proyectamos. A ser fuertes y a confiar en nosotros mismos.

El hombre aprende poco en la victoria y mucho en la derrota.