EL MÍNIMO

Por
Mario Góngora H.

Jamás estimamos las ventajas de una vida sencilla. Normalmente calculamos lo que creemos necesitar para vivir, un mínimo de ingreso por concepto de sueldo, rentas u otros conceptos. Con menos de eso, decimos que la vida sería imposible. Algunos han llegado hasta el suicidio porque sus recursos materiales han bajado del mínimo que se habían trazado. Y ese mínimo que causó su desesperación y decisión fatal, pudo ser más que suficiente para contentar y hacer felices a muchas personas de pretensiones más humildes. Aún así, algunos prefieren la muerte antes de la vergüenza de tener menos que antes.

Sin duda alguna podemos afirmar que el dinero puede contribuir para alcanzar algo de felicidad. Por esto, debe ser solamente considerado como un medio, no como un fin. Si conocemos a alguien de dinero que sea muy feliz, podemos estar seguros que no es por su dinero, sino porque ha aprendido y ha tomado la decisión de ser feliz.

Es notorio cómo el hombre que trabaja y se afana durante los mejores años de su vida con el solo propósito de acumular riqueza para poder retirarse y hacer de sus últimos años un eterno día de fiesta, nunca descansará, sino hasta que llegue al sepulcro, al que llegará sin duda, prematuramente. La naturaleza no puede ser forzada sin pagar un precio. Es lo que sucede al que trabaja en exceso tratando de hacer en 20 años el trabajo de 40. Al fin, se da cuenta que la naturaleza no puede ser engañada. Peores cosas suceden a los jóvenes que en una afán de hacerse ricos rápidamente, delinquen topándose con la realidad mucho antes de lo que se imaginan.

Aunque se escuche raro, únicamente debemos buscar el dinero que podamos disfrutar, pues aunque fuéramos miles de veces más ricos, no podríamos multiplicar en igual proporción nuestras necesidades ni nuestros placeres. Solos, con mucho dinero, no podemos comprar talento, ni amor, ni afecto, ni salud, ni vida. La auténtica verdad es que lo que nos hace felices o desgraciados no es ni la riqueza ni la miseria; es nuestra imaginación, ¡¡nuestros pensamientos!!

Podrá sonar contradictorio, pero la pobreza tiende a promover el éxito, mientras que la riqueza, todo lo contrario. La abundancia codiciosa atrofia la inventiva y opaca todo esfuerzo. Hasta un gato deja de cazar ratones cuando come carne en abundancia. Con pocas excepciones, con el hombre sucede igual. Solo trabajamos duro cuando nos vemos obligados a hacerlo, por necesidad. Y cuando trabajamos por el placer de hacerlo, la vida se transforma en un viaje muy agradable a través de los años.

Existe un mensaje para aquellos que matan y mueren por dinero, refiriéndonos a los delincuentes y traficantes.; “Entre más vacía tiene el hombre la cabeza, más llenos necesita los bolsillos”.

Tener lo que necesitamos es ser ricos; ser capaces de pasar la vida sin lo que deseamos, es ser poderosos.