EL PODER ESPIRITUAL

Por
Mario Góngora H.

Lo que produce las obras geniales no es nuestra fuerza física, sino el poder espiritual; una afección íntima del ánimo.

La sabiduría es una dilatación del sentimiento y la frialdad promovida por algunos, no descubre nada, nada inventa y nada produce. Y así, el crédito debido a la mayoría de las cosas que han beneficiado a la especie humana, pertenece a las almas que proporcionaron la fe necesaria para realizarlas.

La realidad (cada vez más difícil de probar) tal vez sea lo único verdadero en el mundo, pero tenemos que tener cuidado de no dejar fuera del campo de lo real, ciertas cosas solamente porque no las podemos probar o explicar por la ciencia tradicional o por la religión. La Mecánica Cuántica, materia impartida por las principales y más avanzadas universidades en el mundo, nos explica muchas cosas que Newton no pudo hacer, pero existen amenazas de excomunión o hasta del “fuego eterno” a los que osen estudiarla.

La ciencia exacta no es más que cierta aproximación a la realidad. Después de que los científicos y la medicina tradicional han dicho su última palabra sobre su “verdad”, normalmente descubrimos su enorme ignorancia. La verdad es que cuando todo puede explicarse, nada es maravilloso, aunque se puede convertir en algo asombroso.

Además de fortalecer nuestro cuerpo con ejercicio, debemos ensanchar el corazón, pero no en base a su capacidad para circular la sangre, sino en esa parte mística de donde brota el sentimiento.

Si cultivamos la meditación (también ‘prohibida’ por algunos), podemos crear en nuestra mente imágenes que no se perciben por los sentidos. Es como el pintor cuando pinta lo que ve sin agregar nada suyo, se convierte más bien en un fotógrafo. El músico que no le agrega lo suyo, lo que le brota del espíritu, se convierte en un simple reproductor. Y el escritor que solo escribe para adular no es más que un vendido.

Hablando de ‘la realidad’, puede saber e impactar más un corazón colmado de amargura, amor o resentimiento, que un cerebro lleno de conocimientos derivados de textos y libros. Ningún matemático podría explicar la raíz cuadrada del dolor que producen la ingratitud y la traición.

Todo aquel que reduce su imaginación, su mente y su conciencia a las cosas que comprende, nunca encontrará suficiente nutrimento para su espíritu. En cambio, podemos derivar gran placer de muchas cosas que sentimos, aún sin comprenderlas.

O la vida es una gran aventura o no es nada. No olvidemos la fe; no solamente en el Creador, sino en nosotros mismos, pues esta no mide obstáculos ni acepta limitaciones. Con una fe perfecta podríamos remediar todos nuestros males y aún los ajenos, y así desarrollar al máximo nuestros dones y talentos.

El poder espiritual nos lleva a lo más profundo del cariño, del honor de la conciencia y del carácter. Es cuando nos olvidamos de lo material cuando nos volvemos invulnerables.