Por Mario Góngora H.
Se dice que el filósofo más profundo es el que escribe acerca de la vida cosas tan sencillas, que hasta los presumidos y presuntuosos las entienden.
Sin embargo, lo importante es jamás pretender que los demás acepten nuestras ideas y pensamientos. Algunas personas pueden pensar que damos consejos. La mayor parte de las personas no nos gusta que alguien nos aconseje, pero también es importante estar conscientes que las reglas sencillas, congruentes lógicas o ilógicas nunca nos fallan. En ocasiones, ser ilógicos es positivo, pues impulsamos a los lectores a pensar doblemente y analizar lo que se dice. Muchas veces, lo que le parece o suena ilógico a alguien, resultó ser el paradigma del mañana que pasado un tiempo, también será desbancado.
Con frecuencia decimos una palabra y nadie la escucha, o la escribimos y nadie le hace caso. Pero al cabo de algún tiempo, quizá años, la palabra florece y tenemos buenos frutos. Casi siempre sembramos sin tener conciencia de hacerlo. Y aunque nuestros lectores parezcan fuera de nuestro alcance, todo lo que damos nos es devuelto con creces, en diferentes formas, según lo que hemos aportado.
Cuando podemos alentar a otras personas, sentimos aliento nosotros mismos. Con mucha frecuencia aprendemos más de los comentarios de los lectores que lo que uno les pueda dar.
Escribir, en cierta forma, nos atrae paz para el espíritu y lo que aportamos de alguna forma nos favorece de muchas maneras. Es común sentirnos atraídos por escribir sobre todas las cosas negativas que nos acontecen, pero es mejor escribir sobre el placer de vivir y todo aquello que aumente la confianza de nuestros semejantes.
La afirmación pesimista de los tiempos no debe conmovernos, sino el ver el lado mejor de la vida, pues es lo que más nos causa felicidad. Necesitamos alentar ideales elevados, difíciles de alanzar. Quizá inyectar un poco de poesía a la vida, quizá exagerando en ocasiones, pero sin apartarnos de los límites de la realidad.
En el presente, lo ideal es considerado teórico. Algunos consideran práctico solamente lo que puede representarse en números, de preferencia en dinero, cuando en realidad el tener ideales razonables y el ser prácticos son la misma cosa.
Lo que más cuenta en la vida no es lo que materialmente conseguimos, sino más bien, el cómo nos sentimos y las aspiraciones que tenemos. Si el día de hoy nos hace sentir intranquilos es porque la falta el mañana a nuestro corazón; es porque nos domina el miedo y nos ciega la duda; nos tortura la sospecha. Nos atan la vanidad y la credulidad torpe, así como la ignorancia vanidosa.
La creencia que más nos puede beneficiar en todo lo que hacemos en la vida, es que la verdad emanada de nuestro corazón, forma la base de la felicidad individual y del éxito en lo que hacemos todas las personas.
La honradez no muere, aunque así lo parezca ahora por las acciones de muchos de nuestros políticos. El ser humano tiene la conciencia de la equidad y por eso las injusticias que hoy se viven no pueden ser eternas. Todo fruto malo, al final tiene que podrirse y tendrá que caer. Toda acción de corrupción, de mentira y de impunidad será revelada.
Dejémonos guiar por la fe que tenemos en el ser humano y en el progreso. La vida tiene un valor propio y el mundo es un buen lugar para vivir. Pronto podremos ver cómo los más encumbrados caerán por su propio peso. Todo lo que se da, se regresa. Todo lo que se toma se paga de una forma u otra.
