Por Mario Góngora H.
Las adquisiciones de más valor de la vida, son producto de las energías combinadas de la mente y del corazón. Tanto el pensador idealista, así como el materialista pragmático tienen un lugar en el mundo, aunque ambos tengan sus limitaciones. Cada forma de ver las cosas debe terminar madurando en un esfuerzo para hacerla realidad.
Independientemente de cual sea la definición filosófica del idealismo, en la vida práctica, es el esfuerzo y el intento de volver real lo que pensamos que puede mejorar el mundo en el que vivimos. Existen sueños que alientan al hombre a vivir, y sin ellos, toda lucha sería abandonada. Cuando dejamos de soñar y tener ideales, volvemos al estado de los animales irracionales.
El espíritu humano seguirá viviendo aunque el resto del mundo se encuentre materializado. Alguien dijo que el alma es diametralmente opuesta al cuerpo y que amanece para ella cuando anochece para él. Y la idea de la inmortalidad es una manifestación del impulso de la propia conservación, así como la Fe que cada quien tenga. Y no se trata de saber si hemos de vivir eternamente, sino de si en realidad lo merecemos.
A través de la física cuántica sabemos ahora que no es posible que únicamente sea verdad la crudeza de lo material, de lo que podemos ver. Hasta hace poco, lo que no puede cortarse, pintarse o dibujarse; lo que no puede ser palpado, visto, escuchado y olido había estado excluido de la ciencia moderna, exacta y empírica.
Ahora podemos estar más seguros que detrás de la materia se oculta el espíritu, que no es una simple función del plasma celular, sino algo especial y propio, algo que subsiste por sí mismo. Nos queda muy claro ahora que no es el cuerpo lo que produce la vida, sino la vida la que la da sentido y organización al cuerpo. Que el cerebro y la mente son dos cosas diferentes y que ésta sigue viviendo una vez que el cerebro muere.
Lo que está al alcance de nuestros sentidos no es suficiente para ser felices. Los impulsos más nobles y verdades más grandes pueden ser nuestros cuando les abrimos nuestra alma, nuestra mente, para darles cabida.
Lo experimentado en los terrenos de la ciencia, en los laboratorios, es apenas un aspecto parcial de la realidad universal. Y lo más dramático y mejor de todo, es que la ciencia solamente representa una parte de la verdad del mundo y muy frecuentemente, la parte menos importante.
Es difícil ver lo mejor del universo solamente vigilando los electrones y los átomos y hay quienes creen que estaríamos mejor solo con nuestra inteligencia, libre de emociones y sentimientos. Sin embargo, emociones y sentimientos son la forma de comunicación con todo lo que nos conecta, con la “Matriz Divina”, con el “Universo Holográfico”. Los sentimientos son absolutamente necesarios para la grandeza del carácter, para trascender y lograr todo lo que hemos idealizado. No hay conciencia si no hay sentimiento, y el idealismo no está reñido con el sentido común.
