LA BUENA FORTUNA

Por
Mario Góngora H.

¿Cuántas veces hemos escuchado decir que la suerte no existe? En efecto, la fortuna no es más que una actitud mental positiva que atrae lo que llamamos “buena suerte”

El dicho “de cada cual según su capacidad, a cada cual según su necesidad” sencillamente nunca ha funcionado, es solo una forma de atraer incautos. En esta vida el hombre consigue lo que merece, y debe dar el equivalente de todo lo que recibe.

Existen quienes se abandonan “a su suerte” y piensan que el mundo tiene la obligación de mantenerlos. Pero en realidad, el mundo no tiene obligación alguna con el que no trabaja, a menos que tenga insuficiencia física o mental.

El traer con nosotros una pata de conejo o una herradura, con la ilusión de atraer la buena fortuna, no es lo mismo que conquistar ésta con el trabajo, con la previsión, y con la perseverancia. Cuarzos, óvalos, piedras, cristales, pulseras de cobre; protegernos con una armadura imaginaria, etc., etc., para atraer y tener buena suerte son un fraude, sin embargo, si tales artículos y artefactos le hacen pensar a una persona que recibirá cosas buenas, seguramente logrará pocas, pero sí, algunas de ellas. El pensar que tenemos buena suerte, no le hace daño a nadie, pero pensar que la tenemos mala nos convierte en pesimistas.

Para tener una buena fortuna, necesitamos cambiar un poco nuestras actitudes. Existen personas que no están contentas con su empleo, ni con su patrón, ni con sus empleados, ni con su familia, ni con su cónyuge, ni con sus padres, ni con sus hijos. Sin embargo, un ligero cambio en uno mismo resuelve muchos problemas. Lo único que se necesita es ver el lado mejor de las cosas; el adoptar una actitud de apreciación y de agradecimiento, de cooperación y de tolerancia en vez de estar encontrando defectos en todo mundo, en lugar de alimentar la envidia, el egoísmo y la desconfianza.

Al vernos y sentirnos afortunados y así creerlo, nos sentimos alegres, con energía y con agilidad mental. Pero si por el contrario, nos sentimos y vemos fracasados, desafortunados, nos llega la depresión, la duda, el miedo, el mal humor y la falta de entusiasmo. Toda emoción negativa y deprimente nos “trae” la mala suerte.

La buena fortuna nos llega al marchar siempre adelante, sin volver la espalda; cuando nunca perdemos la fe en la justicia (a pesar de quienes nos gobiernan), cuando tenemos la seguridad de que si se caemos, nos levantaremos nuevamente y de que si morimos, será para despertar.

La buena fortuna y los buenos tiempos son consecuencia del trabajo, del valor, de la constancia, del optimismo y del ahorro. Siempre los tendremos si estamos dispuestos a pagar el precio justo por ellos, en vez de andar buscando talismanes, y cristales o de esperar todo del gobierno.