LAS CREENCIAS Y LA EDAD

Por
Mario Góngora H.

Por miles de años, la creencia normal del ser humano es de que nace, crece, se hace viejo, enferma y muere, siempre con un notable deterioro en sus capacidades mentales y sobre todo físicas. Tal creencia se ha fortalecido a través de todo lo que vemos, leemos y sentimos respecto a los viejos. Inclusive para muchas empresas, un hombre ya es viejo a los 35. ¿Pero hasta dónde es realmente cierto esto? ¿Hasta dónde influyen nuestras creencias en hacer realidad nuestras expectativas? ¿Existe una relación entre la ciencia y el misterioso poder del espíritu humano? ¿Pueden nuestras creencias tener un efecto real en nuestro malestar o bienestar físico y mental?

El Dr. Herbert Benson de la Universidad de Harvard afirma que los humanos estamos genéticamente programados para el bienestar y la fe, y que estos dos elementos forman una fuerza interna poderosa que es capaz de activar los sistemas curativos del cuerpo, aliviar o contribuir a la curación, esto es, siempre y cuando el pensamiento positivo esté presente, ya que nuestros pensamientos y creencias también pueden funcionar tan negativamente como queramos.

La vejez es no únicamente una época de nuestra vida, sino más bien un estado mental. La juventud es una cualidad de la imaginación, una creencia que al activarla nos hace sentirnos y vernos más jóvenes….o más viejos si así queremos vernos y sentirnos. Realmente nadie envejece simplemente por cumplir “x” número de años.

Los pensamientos nos llevan a algunas creencias. Para la vejez, son ideales la aflicciones, las dudas, la falta de confianza en uno mismo, el miedo, la desesperación y el estar pensando en que el fin puede estar cerca.

Una creencia vuelta realidad es que el devolver bien por mal y no por seguir alguna doctrina, sino porque vive en la persona el no tener nada que arrojar sobre los demás, es uno de los principales antídotos contra la vejez.

La mejor creencia para los que piensan que están viejos es la de siempre decir “sí puedo”. El poder de adaptación a las nuevas circunstancias es una necesidad. Tener el valor para manejar las nuevas tecnologías es imprescindible y necesario.

Siempre me ha gustado esta cita: “Somos tan jóvenes como nuestra fe, nuestra esperanza y la confianza en nosotros mismos; tan viejos como nuestras dudas, nuestra timidez y nuestra desesperación”.

Si con los años queremos salud, basta pensar intensamente y con constancia en estar plenamente saludables. Si alguien desea alguna enfermedad, solo tiene que pensar en ella y creer que la tiene. En medio de nuestro corazón se encuentra plantado el libro del amor. Mientras florece, lo cuidamos, lo regamos y alimentamos, y con esto somos jóvenes. Cuando muere, entonces ya somos viejos, sin embargo, morirá solo cuando así lo decidamos.