Por Mario Góngora H.
Muchas naciones han entrado en una etapa en que todo lo quieren lograr a través de las leyes, ¡hasta la felicidad humana! Pero las mismas leyes que autorizan a unos hasta extremos de libertinaje, privan a otros hasta el derecho de pensar por uno mismo o de trabajar en lo que más le satisface.
Debemos estar del lado de aquel que esté intentando hacer algo útil, no del que quiere todo para sí, sin hacer esfuerzo alguno. La ley del menor esfuerzo le ha abierto el camino a un sinnúmero de ciudadanos, de entrar a la política, o al menos de acercarse al político en turno con la esperanza desesperada de entrar a las filas de la corrupción. Literalmente “se matan” por aparecer en la foto, o en los primeros asientos en actos políticos.
Son totalmente inútiles las leyes en masa (populismo), que intentan alcanzar a la gente por millones; o alcanzar la miseria, la cual es personal; a la adversidad, pues cuando ésta toca a nuestra puerta, nosotros somos los que tenemos que enfrentarla. Cuando vemos venir la adversidad, más nos vale iniciar los preparativos para enfrentarla.
Si nos consideramos “pobres”, lo somos porque tenemos una pobre imaginación, o una creatividad también pobre. Cuando podemos ver claro, en ese instante iniciamos la recuperación de nuestra independencia económica.
No podemos llamarle caridad la que se ofrece al pobre cuando se la da algo de comer para llenar su estómago, como la distribución de pollos “con la que se acabó con el hambre” (en la sierra). Caridad es la que le enseña a bastarse por sí mismo a una persona. La que muestra el camino hacia arriba y enseña cómo recorrerlo.
Las leyes en las que debemos trabajar son aquellas para abolir la pobreza. Pero lo primero que debemos abolir es la pobreza de ideas, de ideales, de aspiraciones y de criterio. Las leyes que solo sirven para mantener en la ignorancia y la pobreza a muchos ciudadanos. Las que les han quitado sus tierras a sus legítimos dueños en la Sierra Tarahumara, por ejemplo.
Las circunstancias siempre son más poderosas que las leyes, y los ciudadanos, los pueblos no han perdido todo su instinto de conservación.
Ciertas condiciones sociales son el resultado de la falta de carácter individual, el resultado del paternalismo gubernamental. Las fuerzas económicas no pueden ser evitadas ni detenidas, ni controladas por las autoridades.
Las leyes que llevan al instrumento más utilizado por la izquierdas (el egoísmo) han sido derrotadas en todo el mundo. Sí, es un bello sueño, pero se realizará cuando el hombre se haya despojado de su egoísmo. Y no existe ni un solo líder ni de ese lado ni de este, con esta característica.
Una de las debilidades de nuestro tiempo, es querer algo por nada, y todavía exigir tenerlo en el acto. Y lo peor, las autoridades son las que crean estas condiciones.
