NACIONES RICAS

Por
Mario Góngora H.

Existen naciones ricas por naturaleza, como nuestro país, pero que viven en un estado de quiebra permanente. Son una visión vergonzosa de mala administración, de pereza, de mentira, de corrupción, de despilfarro y de cobardía por parte de sus dirigentes.

En nuestro país hay abundancia para todos, pero todos necesitamos trabajar, y muchos otros más necesitan dejar de robar.

En una sociedad normal, después de que un hombre trabaja y ahorra por algún tiempo, siente una repulsión natural por la extravagancia y el desperdicio. Y cuando al gobierno no le importa, nos encontramos que quieren endeudarse más para ser más ricos ellos mismos. Son el despilfarro y las deudas algunas de las calamidades que agobian a nuestra nación. Hay un poder limitado de compra en toda cantidad de dinero, ya sea un peso o tres mil millones.

No existe nada que le de confianza a un país en tiempos de adversidad, de falta de inversión, de falta de trabajo, que el saber que cuenta con un fondo de reserva para hacerle frente a todas las calamidades. Cuando tenemos sed, ya es tarde para ponernos a perforar un pozo de agua.

Siempre es deseable y conveniente conseguir una independencia económica sin que tenga que significar sacrificios lastimosos ni trato injusto para los ciudadanos.

El mundo progresa y cada paso hacia adelante se puede dar, solo si se trabaja y se gasta con moderación. Y para el ciudadano es lo mismo. Aquellos que el día de hoy encuentran placer en la ociosidad, el desperdicio y en “la buena vida” no tardarán en convencerse que es más duradero y legítimo el placer del trabajo honrado y de la previsión.

Los que nos gobiernan, principalmente a nivel estatal, gastan el dinero con esplendidez porque a ellos nada les ha costado. Lo reparten a manos llenas, principalmente en inversiones personales, así como entre los que los adulan. Son muy generosos con lo que no es suyo, con el trabajo ajeno. Piensan que el capital no es cosa que se ahorra, sino algo que puede conseguirse con solo pedirlo prestado, donde ellos no pagarán ni un peso de su bolsa.

Una nación o un estado próspero tiene que desarrollarse con sus propios recursos. Los del presente, no los del futuro. Así como en toda empresa, en todo gobierno se debe evitar malgastar hasta los centavos, gastando millones solo si es necesario para engrandecerlo y mejorarlo según el criterio de la gente, no del gobernante en turno. El derroche muy bien nos puede hundir. El agua que sostiene un barco es la misma que puede hundirlo