Por
Mario Góngora H.
Nadie se engrandece por el solo hecho de ocupar, por influencias, engaños, suerte o favoritismo, cualquier puesto importante. Esto es tan cierto como que un niño no se vuelve hombre por ponerse los zapatos de su papá.
Para muchos políticos y aduladores, la protección y las recomendaciones de los que ocupan puestos altos se vuelven tan necesarias como las muletas para un discapacitado. No pueden dar paso sin ellas.
La importancia y la grandeza de nuestros políticos actuales no podemos medirla en forma material. Más bien es a través de la educación y de su carácter que podemos valorarlos. Y es la misma medida para cualquier otra persona.
¿Qué nos gustaría ver en nuestros políticos? Para empezar, debe ser sencillo y no sentirse dueño de sus gobernados. Debe tener un corazón recto, sin pretensiones más allá de servir a los que se supone votaron por él.
Ningún político que valga la pena pide ventaja ni la genera con fraudes, porque no hay satisfacción en ganar una carrera en que tuvo ventaja para empezar. El aceptar ganar ventajosamente es una confesión de inferioridad. Estas ventajas se vuelven desventajas normalmente antes de terminar sus funciones. La población los juzga y no los perdona.
El político que arbitrariamente abusa de los ciudadanos es el incapaz de elevarse por su propio esfuerzo. Aquellos que gritan y se quejan por la falta de reconocimiento de lo que ellos piensan que hicieron correcto….pero que fue en contra de la población, se convierten pronto en lo más despreciable de la historia.
Los aduladores que siempre están pidiendo ventajas y privilegios de los que adulan, son incapaces de elevarse, de crecer por sus propios esfuerzos. Ha de ser difícil vivir así.
Un mal político siempre espera que se le den ventajas y privilegios. Afirma que el poder es para poder hacer lo que se le antoje.
Del decálogo del mal político tomamos solo el primero, y el décimo y con esos nos basta por ahora:
Primero:“Los malos políticos viven y usufructúan de la política, y en ese sentido se enriquecen a una tasa creciente a ojos vista de todo el mundo. No resulta extraño, entonces, que todos vacacionen en los lugares más exclusivos, tengan a sus hijos en los colegios más importantes, tengan propiedades y bienes en abundancia. Y por lo anterior, es que no existen los políticos pobres….”
Décimo: “Impone, no convence”…
