TENACIDAD

Por
Mario Góngora H.

La tenacidad es la “fuerza que impulsa a continuar con empeño y sin desistir en algo que se quiere hacer o conseguir…”, nos dice una definición del diccionario. Si no la tenemos, y si no estamos dispuestos “a todo”, puede ser la razón para no prosperar, pues se trata de poner en lo que hacemos toda nuestra energía, toda nuestra constancia y entrega.

Todo tiene un precio, incluyendo el progreso y la felicidad. Nada es gratis y todo tiene que ganarse a través de un esfuerzo constante.

Es interesante y placentero, por ejemplo, concentrarnos en nuestro habitual trabajo e intentar con el esfuerzo necesario, hacerlo bien y cada vez mejor. Pronto descubrimos que en lugar de ser un sacrificio y sentirlo muy pesado, se convierte en algo placentero. A la hora de la verdad, es nuestra habilidad lo que cuenta y no tanto el tipo de trabajo.

Un concepto sobre la tenacidad nos dice: “Al igual que una tenaza, palabra con la cual comparten su etimología, aprisionan el objeto o deseo a alcanzar. Alguien que posee tenacidad es perseverante, constante y obstinado. La tenacidad es una virtud que permite que la gente que la posee, triunfe, pues se sobrepone a las adversidades y sigue firme en su propósito hacia la meta propuesta”, y todo esto, sin importar las horas que son, si hace frío o calor, llueve o truene.

Cuando nos falta tenacidad, dejamos tareas sin terminar o las dejamos para después. Esto reacciona desfavorablemente en nuestro carácter. Ser una persona ilustre, tener una vasta fortuna o cualquier cosa importante para nosotros no se podrá conseguir sin una tenacidad absoluta y plena. Por ejemplo Miguel Ángel invirtió ocho años en pintar su “Juicio Final”. A Leonardo le tomó cuatro años su “Monalisa”. A Webster le tomó veinte años terminar su diccionario. La paciencia y tenacidad de un gusano producen la seda más fina del mundo. Podríamos decir que el gusano es “firme, porfiado y pertinaz en su propósito”.

En los momentos más desfavorables y deprimentes en nuestras vidas, es cuando menos nos debemos rendir, pues lo más probable es que en tal momento, las cosas empiecen a cambiar a nuestro favor. Ese pequeño esfuerzo adicional podrá ser la diferencia entre el fracaso y el éxito. Nunca fracasaremos si no hemos hecho nuestro último intento.

“De nada sirve un talento que no se usa, porque cualquier destreza solo se consigue practicando frecuentemente.” Aunque nuestros planes no se cumplan como pensamos, el ser tenaces terminará haciéndonos conseguir otras cosas aún mejores. Normalmente así es.

La tenacidad sustenta el trabajo en la fuerza de voluntad y en el esfuerzo continuo para llegar a donde queramos llegar.

La tenacidad es pues, una virtud que nos conduce a llevar a cabo lo necesario para alcanzar nuestras metas.