Por Mario Góngora H.
En alguna ocasión le preguntaron a Sócrates cuál era el secreto para tener una buena reputación y el filósofo respondió: “Siendo lo mismo que se quiere parecer”. La idea básica entonces de lo que significa la personalidad, la cual contribuye a una buena reputación, es nuestra diferenciación de los demás.
Existen tendencias “para el éxito” de modelar a la persona de éxito para copiarla e imitarla en todo lo posible, ahorrándonos así mucho tiempo, hasta años y garantizando que se logrará el objetivo. Sin embargo, después de mucho análisis se puede llegar a la conclusión que nadie puede conseguir una gran reputación simplemente imitando a otro. Hay que conservar la propia personalidad y darle realce a la propia individualidad, pudiendo tomar, eso sí, técnicas, modelos de negocio u otra cosa en la que ha sido exitoso.
Para una buena reputación, debemos entender que lo que hace grande a una persona son sus cualidades, su comportamiento y no su apariencia. Lo que no se es, no puede aparentarse por mucho tiempo. Hay que ganarse una reputación
El intentar imitar o parecernos a alguien para intentar hacer una buena impresión ante los que nos ven o escuchan, es demostrar que nos consideramos faltos de personalidad y que nos estamos poniendo un disfraz para exhibirnos. No es una confesión de inferioridad en mostrarnos como lo que somos con toda naturalidad. No es necesario imitar a nadie; tampoco exageremos lo que somos.
La buena reputación se muestra siendo quien somos, con cualidades y defectos, diferentes a los demás, libres de imitaciones. Tenemos a nuestro haber rasgos morales intelectuales y físicos suficientes para establecer nuestra auténtica imagen y reputación.
La naturaleza nos ha hecho a todos diferentes. Somos nosotros que por fallas o situaciones personales, nos hemos vuelto iguales a muchos otros. Las modas o peor aún, algunas nuevas tendencias culturales cambian nuestra forma de pensar, de nuestro cuerpo y hasta de nuestra vida.
En estos tiempos en que “lo que está mal” es muy común y que muchos se amparan en su poder o su dinero, sobre todo en el mundo político para contar con una absoluta impunidad, debemos no dejaros arrastrar por los gustos, ni por los juicios, presiones o burlas de los demás.
Las personas se estandarizan porque tienen miedo de ser diferentes, porque ser igual que los demás los hace sentir con más seguridad, y porque al ver a su alrededor les gusta ver sus propias opiniones y costumbres repetidas en otros. La buena reputación se da cuando podemos mostrar nuestro interior, donde los demás se dan cuenta lo que hay dentro de nosotros mismos. Todos contamos con ideas, emociones y sentimientos que no es vergonzoso mostrar, y que por el contrario, nos dan a conocer mejor. Mientras más variado y rico es nuestro interior, y mientras más libremente damos una expresión de nuestro ‘yo’, mayor la opinión de nuestra reputación que mostramos a los ojos ajenos.
