(QUE SE INICIÓ UNA NOCHE BUENA)
Tomada de una trascripción de Don Nabor Hernández
Por Mario Góngora Hernández
Cuarta parte
“….Yo me puse a desayunar silenciosamente, tomando al mismo tiempo la resolución de no irme a dormir mientras no hubiera escuchado esa historia que para mi iba siendo ya una pesadilla y una superstición, puesto que había hecho la fortuna de tantos, bien podría también hacer la mía ….“
Experimenté la sensación de algo que me perseguía, algo como si el destino me siguiera y me sentí poseído por la historia mágica. Busqué en mi cartera la dirección de Bretón y no la encontré, pero se me ocurrió que podría hallarle en nuestro antiguo restaurant, aunque ya era algo tarde…¡y ahí lo encontré rodeado de un grupo de amigos!. Me reconoció y me llamó a hacerles compañía. Me senté, resuelto a seguir a Bretón a su casa cuando se fuera y pedirle que me contara la historia.
Cuando me senté, el pequeño auditorio había caído en un respetuoso silencio. Cada uno estaba pensativo y la atención de todos estaba fija en Bretón. Inmediatamente comprendí que había llegado demasiado tarde. A mi derecha estaba un médico, a mi izquierda un abogado y al frente un novelista conocido. Los demás eran artistas y periodistas.
¡Qué lástima, dijo el doctor, que no haya llegado usted un poco antes! Bretón nos acaba de contar una historia que realmente es prodigiosa. Oye Bretón, ¿no quieres volver a contarla en obsequio de nuestro amigo que acaba de llegar?. ¡Como no!, dijo Bretón, por un motivo u otro ha dejado de oírla, a pesar de que él fue el primero a quien se la mencioné y fue en este restaurant y en esta misma mesa. Hacía una noche infernal y fui llamado al teléfono y se interrumpió la historia cuando apenas la iba empezando. Después se las conté a tres o cuatro amigos a quienes “entonó” como a mí. Es increíble que una mera historia pueda tener tal efecto tónico en el éxito de tantas gentes que siguen ocupaciones tan diversas pero es un hecho. Es una especie de elíxir universal o un “cúralo todo”. Ahí tienen a Limón, por ejemplo, es corredor de valores y por todo un mes todas las operaciones le habían salido contrarias, hasta colocarlo al borde de la ruina. Lo encontré por casualidad cuando se hallaba en las últimas, como suele decirse. Algo me hizo recordar la historia durante nuestra conversación y se la referí; ésta hizo en él lo mismo efecto que había hecho en mi y en todos los que la han oído.
Ustedes convendrán conmigo que no es tanto la historia misma, sino la manera como es dicha, lo que realiza la maravillosa operación quirúrgica en el cerebro de los que la escuchan. El autor ha producido, quien sabe de qué modo, un efecto psicológico que no es fácil describir. El lector es poco menos que hipnotizado e ingiere sin saberlo, un tónico mental y moral. Probablemente usted, doctor, pueda dar una explicación científica de la influencia ejercida por la historia. Tal vez pueda decirse que es un “elixir” hecho con palabras.
Luego entró la reunión a discutir teorías generales, haciendo referencia de vez en cuando a la historia mágica, cosa que me puso en un martirio, puesto que yo era el único que no la conocía. Me levanté de mi asiento, llegué a donde estaba Bretón y cogiéndolo por un brazo lo aparté del grupo diciéndole bruscamente: “si sientes consideración por un antiguo amigo a quien la existencia de esa maldita historia está volviendo loco y que la suerte ha determinado que nunca llegue a oír, relátemela ahora mismo” Bretón se quedó viéndome con gran sorpresa. Está bien, dijo, los demás me dispensarán unos minutos, siéntate aquí y la vas a escuchar…(CONTINUARÁ)
