Por Mario Góngora H.
Es un mito eso de que los humanos vivimos en un “valle de lágrimas” Y nos damos cuenta de esto cuando podemos encontrar por todos lados que todavía existe armonía, felicidad, caridad, belleza y bondad, si sabemos apreciarlas.
Si las fantasías se volvieran realidad y pensamos que la llamada “ley de la atracción” nos traerá todo lo que manifestemos, y todo esto se volviera realidad, y viviéramos en palacios de cristal y camináramos por las calles pavimentadas con oro y piedras preciosas, mas pronto que tarde, echaríamos de menos las cosas mas ordinarias y bellas de la naturaleza, como sus árboles, sus flores, sus bosques, sus desiertos, sus montañas, sus días lluviosos y más. Este mundo actual en que vivimos puede ser el paraíso bíblico, si así lo estimamos, pero también el infierno, si por tal lo tomamos. El mundo real y todo en él, tomarán siempre la forma y sobre todo el significado que cada quien quiera darle.
Tener, pues, todo lo que el cielo nos ha brindado y no sentirnos en él, se puede convertir en un infierno. Pero es cierto que los que se obstinan en negar que existe un cielo, en realidad tienen razón; para ellos es imposible que exista.
Muchas personas se pasan la vida dudando, pero sin llegar realmente a ninguna conclusión y sin preocuparse por descubrir la verdad. Y cuando en algunos, la verdad se presenta ante sus ojos, la llegan a negar diciendo que si creen lo que están viendo, sintiendo y escuchando, puede “afectar su fe”.
El hombre que piensa y que ama la verdad, no debe cerrar sus ojos ni sus oídos a ninguna idea sincera. No debe tener miedo de pensar ni de dudar de nada, pero al mismo tiempo, tampoco debe arrastrar a nadie a la duda si no puede mostrarle dónde está la verdad.
Se dice que por mucho que intentemos modernizar la oración “Salve” no parece que sea posible quitarle lo del “valle de lágrimas”; esto es porque “la experiencia del sufrimiento tiene una función pedagógica en el sentido de que nos enseña a vivir con menos superficialidad y a tratar a los demás con un poco más de comprensión. Por una parte debe llevarnos a ser mucho más solidarios con los que sufren y por otra a ir descubriendo el verdadero valor y medida de las cosas”.
Si tuviéramos más vida interior, más moderación, más espíritu de desprendimiento y renuncia… más confianza en Dios, este llamado “valle de lágrimas” dejaría de serlo.
Todos pasamos por situaciones adversas, difíciles, con problemas de toda índole, con pérdidas de seres queridos, con enfermedades, con falta de dinero, y sin embargo cada experiencia que tenemos la percibiremos según decidamos. Podrá ser un infierno, o podrá ser una experiencia de aprendizaje y fortalecimiento del espíritu. Para muchos es difícil admitir que no fuimos puestos en este mundo para sufrir, sino para ser felices.
¿Valle de lágrimas? La persona que así lo decida, lo puede habitar. O lo puede transformar en todo un valle de conocimiento, sabiduría y felicidad.
