LA IMPORTANCIA DEL CARÁCTER

LA IMPORTANCIA DEL CARÁCTER
 
Por
Mario Góngora H.
 
El carácter es un fuerte impulsor del mundo. En sus aspectos más nobles, ejemplifica la naturaleza humana en su forma más alta, pues exhibe al hombre en una forma más auténtica.
 
La prosperidad de nuestro país poco tiene que ver con la actuación de un solo hombre, ni con la abundancia de nuestros recursos naturales, sino en los ciudadanos rectos, bien educados y de carácter. Aquí es donde se encuentra nuestra fuerza y nuestro futuro. El hombre de carácter, y sobre todo aspiracionista, es la conciencia de la sociedad que lo alberga.
 
Los hombres con una auténtica excelencia en cada etapa de su vida, hombres industriosos, íntegros, de sólidos principios, honestos, se hacen acreedores del homenaje de sus conciudadanos. Sin su presencia, no valdría la pena vivir en este mundo.
 
Si bien, los sabios, genios y científicos son dignos de admiración, el carácter es lo que mejor asegura el respeto de una persona, aún sin dinero de por medio. Los primeros son el producto de su habilidad mental, los segundos de la entrega total de su corazón. Los primeros se juzgan en relación a su intelecto, a los segundos se les juzga por su conciencia. Mientras los primeros son admirados, los segundos son los líderes.
 
La vida es tan corta y limitada que son pocos los que logran la grandeza, pero cada quien puede jugar su parte con honestidad y honorabilidad lo mejor que pueda. Puede ser lo mejor en su vida siendo recto, siempre promulgando la verdad. En pocas palabras, puede cumplir con sus obligaciones en el mundo que le tocó vivir.
 
Pudiera decirse que no hay nada heróico con el hecho de cumplir con las obligaciones. Es el sentido de cumplir lo que mantiene al hombre con sus mejores actitudes. Es el cumplir con lo que tenemos que hacer lo que mantiene al ser humano y lo que realmente centra su vida. Es donde se desarrollan sus mejores virtudes.
 
En realidad, podemos apreciar el auténtico carácter de un hombre observando la forma en la que se conduce con los demás, especialmente los más cercanos a él y no tanto en lo libros que ha escrito, ni en sus logros políticos o de negocios.
 
Todo aquel que lucha por cumplir con sus obligaciones cumple con el propósito para el que fue creado. Podrá no tener ninguna posesión más que la de su carácter, y aún así, puede mantenerse tan firme como un roble.
 
La cultura intelectual no guarda ninguna relación con la pureza o la excelencia del carácter. Un hombre podrá ser un gran artista, político o científico, pero a falta de virtudes y espíritu de cumplimiento, puede ser ubicado en los más bajos rangos de la sociedad.